La condición replicante

October 17, 2017

Más humano que los humanos. Más condición humana que la misma condición humana. Honoré de Balzac probablemente se sentiría orgulloso al saber que un medio como el cine ha albergado recientemente dos obras, una de ellas secuela de una adaptación literaria, que manejan doblemente la (no) condición humana. Blade Runner 2049 (2017), dirigida por Denis Villeneuve, cumple con las expectativas propias de una secuela, incluso dejando atrás en lo visual y auditivo a su antecesora, Blade Runner (1982), dirigida por Ridley Scott. Narrativamente hablando, y a pesar de su larga, pero muy larga duración (163 minutos), es un filme casi redondo que ata cabos con el final cut de Scott, que esta vez fungió como productor y continúa por la senda de la obsesión quimérica de mantener viva la llama de trabajos que le valieron, hace décadas, un lugar privilegiado entre los cinéfilos (piénsese en Prometheus (2012) y Alien: Covenant (2017), como antecesor y predecesor respectivamente de Alien, la obra que lo encumbró).

            La dirección del canadiense Villeneuve confirma, a ojos de este lector, una trilogía cinematográfica multi temática y a la vez unificadora: el extranjerismo en Sicario (2015), la invasión extraterrestre en Arrival (2016) y la sustitución de lo humano en su reciente trabajo. Los tres filmes tienen como base argumental que “algo” que no es humano, que es ajeno, reafirme la condición humana como algo necesario, frágil, ingenuo y único. Con ello, el oriundo de Quebec, confirma su capacidad para generar historias introspectivas jugando con los géneros cinematográficos como el suspenso y la ciencia ficción. Pero ahora, continuemos con la historia de Rick Deckard.

            El protagonista es K, interpretado por un controlado Ryan Gosling. Avanzado el filme será conocido como Joe, una de las varias claves en tono irónico sub puestas por los guionistas Hampton Fancher y Michael Green (imaginen ustedes un Joe cualquiera, un “average Joe”, que nunca ha tenido ni tendrá algo de especial). Le acompañan en el camino narrativo el sensible holograma – mujer de nombre Joi, papel interpretado por Ana de Armas; y la Madame – teniente Joshi, papel a cargo de Robin Wright. El bando contrario lo conforman Niander Wallace (Jared Leto), jefe máximo de la corporación que lleva su nombre y que la historia nos cuenta, ha tomado el lugar del otrora emporio conocido como Tyrell Corporation. El papel interpretado por Leto es de corta aparición, sólo aparece unas cuantas veces y se antojaba verlo filosofar más sobre sus “hijos” en pantalla, pero lo hace bien. El replicante brazo derecho de Wallace es Luv. Fashion femme fatale, que tanto puede administrar la gran empresa de su creador, que asestar mortales golpes a quien se le ponga enfrente, y que es fascinantemente interpretado por Sylvia Hoeks. Por último, y sin tanto aspaviento, el viejo Rick Deckard (Harrison Ford) con un papel importante que cumplir dentro de la historia.

            Es mi opinión que lo hecho por Villeneuve es un joven espejo de lo fabricado por Scott, pero llevado a niveles estéticos maravillosos. La fotografía del maduro Roger Deakins es sublime en color, en forma, en encuadre, en movimiento, en atmósfera, en posición. La banda sonora, obra de Hans Zimmer, encarna el espíritu de Vangelis sin acercarse al plagio. Matiza los vuelos de cámara a través de esa futurística ciudad de Los Ángeles, embellece con sus tonos los close ups de Joi, lo mismo que envilece aquellos impuestos sobre Wallace o Luv. Y adopta un sonoro homenaje cuando en un par de ocasiones, K (o Joe) adopta el rebelde espíritu de Roy Batty. El montaje pudo ayudar a que el ritmo fuera el más adecuado para contar la historia, pero la última palabra la tuvo por supuesto Villeneuve, que puede ser considerado el gran fallo de la película.

            El replicante de Villeneuve no es aquella máquina asesina que adaptó Scott del texto de Phillip K. Dick. Son nuevos modelos, más refinados, más controlables, más humanos, acercándolos también al eterno problema existencial que nos aqueja y nos hace preguntar quiénes somos, qué hacemos aquí, cómo llegamos, a dónde vamos. Sin embargo, el replicante del 2049 no busca respuestas, simplemente acepta lo que es y lo que debe hacer; a menos que encuentre un suceso inédito que lo haga replantearse su existencia. Joe es un títere, Pinocho con y sin hilos, dependiendo de la situación en que se encuentre. Y va en búsqueda de esa gran respuesta, aunque casi al final del filme, sus esperanzas se desvanezcan como lágrimas en la lluvia, o mejor aún, como lágrimas en la nieve.

             Esto hay que agradecerle a Villeneuve, las pequeñas claves, pequeños avatares que nos hacen recordar la primera película, tal y como Deckard recuerda a Rachael, con sus labios rojos brillantes, su caminar erguido y seguro, sabiéndose perfección entaconada. Los recuerdos son importantes en la historia, los flashbacks (no hay unicornio, pero si caballo de Troya), los entramados del pasado, las ciudades contaminadas, el deseo por descubrir nuevos mundos con replicantes como primer frente de colonización y/o carne de cañón.

             2049 de Villeneuve no es Space Odissey (1968) de Kubrick, ni Solaris (1972) de Tarkovski, que verdaderamente plantean cuestionamientos profundos con su poética argumental y visual; pero cumple su función de cerrar el episodio que inició Scott hace años. Reproduce el nulo reconocimiento en taquilla de una gran mayoría que espera héroes de comic en sus multi universos magnificados, tal y como la primera parte a principios de los ochenta, sufrió porque las masas esperaban batallas galácticas o escualos come hombres en alta mar. Mantiene la línea argumental de misticismo futurista impuesta por la primera, alejándose un poco de los grandes problemas del hombre del mañana (sobrepoblación, contaminación, enajenamiento) pero se da el tiempo para invertir cámara en ellos. Ahí está la secuencia de la expedición de Joe a las afueras de la gran zona urbana, que no es otra cosa que un gran basurero; la ciudad tóxica con sus estatuas gigantes, la constante nieve sobre Los Ángeles, la abrumadora mercadotecnia en 3D, el gentío con sus vehículos en las calles, los edificios sobrepoblados de inquilinos.

            Villeneuve tiene, luego de tres filmes, una línea argumental que explora la condición humana bajo la violencia extrema, la invasión del mundo cotidiano por lo desconocido y el cuestionamiento mismo de esa humanidad bajo la sombra y piel de lo artificial, de lo fabricado, de lo que se hace más no nace. Y suponemos que, a partir de este momento, Villeneuve tomará otros caminos argumentales pues ha hecho de su cine uno de gran calidad hasta estos momentos de su carrera, algo que definitivamente no se perderá en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

 

Ficha técnica

Blade Runner 2049. Dirigida por Denis Villeneuve. Guion de Hampton Fancher y Michael Green. Basada en Do androids dream of electric sheep? De Phillip K. Dick. Fotografía de Roger Deakins. Música de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch. Montaje de Joe Walker. Reparto: Ryan Gosling, Harrison Ford, Robin Wright, Dave Bautista, Ana de Armas, Sylvia Hoeks, Jared Leto. Producida por Ridley Scott. Duración: 163 minutos. Warner Brothers y Alcon Entertainment.

 

Imagenes vía Oblikon

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