YAOCÍHUATL DE 400 VOCES

Por Carlos Urani Montiel


Once tipis donde se alojan igual número de estampas vivas; una dirección general nutrida por la energía de cinco directoras (Angélica López, Guadalupe de la Mora, Laura Galindo, Claudia Rivera y Mayra Chávez), algunas estrenándose en el oficio; cuatro diferentes rutas para adentrarse en las minucias y logros de un trío de célebres biografías, de entre ellas, varias conocidas: Malintzin, Sor Juana, Rosario Castellanos, María Sabina y Nahui Olin. Cuatro tipos de gafetes coloridos penden del cuello de personas –niños, jóvenes y adultos– que siguen un camino de tres paradas y dos transiciones (para acomodarse en una nueva tienda). Por último, un final que nos reúne –al elenco, directores, técnicos y espectadores– en torno a las andanzas de una asistente, quien, como invitada de honor, nos comparte su vida (escuché, en el estreno, a Celina Reyes), recordándonos que la fama y el reconocimiento de aquellas ilustres mujeres se gana con el ahínco continuo en el día a día de una comunidad. #Mexicanas, el más reciente montaje de la compañía Telón de Arena, hace de la colaboración y la sororidad su propio motor de trabajo. La producción, con la dirección general de Alan Posada, cierra filas dentro del gremio teatral juarense. Da gusto ver tanto esfuerzo encausado hacia un fin común, una puesta en escena con un claro objetivo: revalorar a nuestras coterráneas, y no solo a las que ya gozan de cierta fama o que hasta hace poco podíamos ver en los billetes, sino también aquellas, quienes con menos luces mediáticas, son dignas de inspirarnos y convertirse en ejemplo: Matilde Montoya Lafragua, Amaranta Gómez Regalado, Tessy López, Elsa Ávila, Elvia Carrillo Puerto y María Izquierdo. Vale la pena escucharlas y echarse a andar entre sus historias de vida.

El proyecto de las Mexicanas guarda varios puntos de contacto con los Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, libro publicado originalmente en inglés, hace tres años, mediante una estrategia de financiamiento colectivo (crowdfunding). Dicha campaña conjuntó el empeño y la confianza de patrocinadores, docenas de artistas e ilustradoras, así como de madres de familia que vieron en las 100 historias de mujeres extraordinarias, el medio idóneo para compartir su visión de mundo con sus pequeñas y sus hijos varones. Las compiladoras, Elena Favilli y Francesca Cavallo, confiesan que “esta clase de confianza no es algo que las mujeres experimentemos con mucha frecuencia. No la damos por sentada. ¿Cómo podríamos?” La mayoría de las mujeres antologadas nunca la experimentó. “Independientemente de la importancia de sus hallazgos, la audacia de sus aventuras o el alcance de su genio, con frecuencia las subestimaron, olvidaron y hasta borraron de la historia”. Más allá de la coincidencia con el mes patrio, el equipo de Telón de Arena apuesta por escenificar once historias de pioneras mexicanas que demuestran el poder transformador de la curiosidad, moldeada poco a poco hasta convertirse en pasión, habilidad, en conocimiento dispuesto para los demás con generosidad. Es importante que las niñas conozcan, retomo las palabras de Favilli y Cavallo,

“los obstáculos que enfrentarán a lo largo de su vida, pero también es esencial que sepan que son superables. No sólo encontrarán formas de sobreponerse a ellos, sino que pueden ir eliminándolos para las mujeres del futuro, igual que lo han hecho las valientes”

féminas que sirven de modelo de inspiración, tanto del montaje como de los cuentos para niñas rebeldes. ¡Que el género no defina el tamaño de los sueños ni la distancia por recorrer!

La figura histórica de La Malinche se ha construido desde un lugar liminal en donde impera la sumisión, el descrédito y la traición. Las versiones son tan dispares que atraviesan extremos: desde su asociación con la leyenda novohispana de La Llorona hasta el mote de La Chingada, en un ensayo tan oficial como aun leído y poco cuestionado (El laberinto de la soledad de Octavio Paz, 1950). Lo que siempre aparece como una constante es el signo negativo que cubre no solo a su persona, sino que también se extiende hacia el sufijo del malinchismo, como una doctrina o práctica deleznable. Me sorprende que en el zócalo capitalino no haya una escultura dedicada a ella o, aunque sea, junto a Cortés. Ningún monumento público dedicado a esta pareja en algún punto neurálgico del centro histórico. ¿Por qué? Bien resguardado entre los arbustos del Parque Xicoténcatl, en Coyoacán, frente a una fuente, yace incompleto el Monumento al mestizaje, que representa a la familia fundacional, sin el niño Martín Cortés que ha sido robado. En otras latitudes de Latinoamérica, ya se han saldado cuentas con los conquistadores. Los restos mortuorios del sanguinario e iletrado Francisco Pizarro descansan en la Catedral de Lima; la estatua ecuestre de Pedro de Valdivia porta orgullosa el acta de fundación de Santiago de Chile en la Plaza de Armas. ¿Hasta cuándo nos reconciliaremos con nuestro pasado? ¿Será que a Cortés se le restan méritos por haber dependido por completo de una audacia y argucia femenina?

Siendo estrictos, Malintzin no es mexicana, y la actriz que la interpreta en el montaje, Ivonne Chávez, muy pronto nos lo aclara. La joven directora Claudia Rivera ha diseñado, bajo la tienda del tipi, un cuadro cargado de símbolos multifuncionales –como las semillas/simientes de la lotería–, una atmósfera que huele a tierra, que se entremezcla con el agua y que sopla un tenue viento a través de la ocarina. Malinche es el fuego que contuvo pólvora. La escena misma recita y traduce idiomas en las muchas voces de quien se expone a sí misma, desde que nació en el día hierba (mallinali) hasta el momento de la función, delante de los tres espectadores que la observábamos atentos, en que ella reclama ser libre para esculpir su propia cara, plantarse en un trozo de tierra para construir “de la madera de mi carne, una nueva casa y una cultura nueva hecha de mi cal y mis ladrillos”. Los desafortunados vaivenes a lo largo de su biografía son narrados con calma y templanza, sin tintes trágicos que llamen a la compasión o lástima. La exposición mesurada (y bien documentada) de los hechos permite contemplar a un personaje que desde un estadio de paz solicita una historia objetiva, una memoria justa. Recomiendo, por último, un par de cuestiones. La enunciación de las palabras en lenguas indígenas debe ser sumamente limpia y clara (pero sin exagerar la articulación); de lo contrario se atenta contra la espontaneidad y destreza lingüística que la caracterizan. También opino que el salto del relato al juego es brusco y un tanto sorpresivo. La efusividad, que no la sonrisa ni el gesto amable, rompen con el tono del cuadro. Quizá esa era la intención. Malinche, Malintzin, Malinalli, doña Marina, además de sus cuatro nombres, posee el secreto de lo que todos somos: mestizaje de entrañas y efusiones. Así que, mexicanos, asomémonos a nuestro reflejo en esta mujer guerrera de 400 voces.


Obra: Mexicanas

Dramaturgo: Dramaturgia colectiva

Dirección general: Alan Posada

Compañía: Telón de Arena

Foro: Café-teatro Telón de Arena

Temporada: 12 al 22 de septiembre

Precio: $80 con descuento

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