Que las prensas suenen y resuenen, pero llenas de conciencia

Cien veces he sido aquí espectador de mi propia película,

mil veces he seguido sus detalles.

Ahora trataré de explicarla.


Reportaje al pie de la horca

Julius Fucík

1945


Conmemorar en la reflexión y la auto crítica

Poco o casi nada he oído hablar de #JuliusFucík durante los últimos cuatro años y medio que llevo metido en las aulas de la universidad donde estudio Periodismo. Si lo escuché pero lo olvidé (me disculpo por ello), fue gracias a dos profesores del que siempre recibimos una cantidad inmensa de bibliografía. Anoche, “Reportaje al pie de la horca” de Fucík, fue el texto que descargué y comencé a leer a las tres de la madrugada. Las virtudes de la Internet son hoy, entre otras, la gratuidad que tenemos a la hora de teclear en el buscador el nombre del autor y su obra, para luego obtener una lista de opciones a descargar. El formato PDF es la señal que nos dice “descárgalo, es tuyo”. No lo acabé, pero leí suficiente como para dedicarle unas horas de hoy domingo 8 de septiembre, proclamado como el Día Internacional del Periodista, para concluir la lectura pues ocurre que, desde hace varios meses, reflexiono constantemente ante la idea de ser periodista en una ciudad donde es cada día más difícil ejercer el oficio. Pero ¿qué con Fucík y la mencionada celebración internacional?

Imagen de topwar.ru

Julius fue un periodista y escritor checoslovaco, detenido en 1942 por la Gestapo. “Reportaje al pie de la horca” fue su último trabajo, escrito desde la prisión donde aguardó su ejecución por el régimen Nazi. “En el campo de concentración de Ravensbrück supe —me lo dijeron mis compañeros de prisión— que mi marido, redactor de Rudé Právo y de Tvorba, había sido condenado a muerte el 25 de agosto de 1943 por un tribunal nazi en Berlín”, reza en la introducción Gusta Fucíkóva, la que fuera su esposa y agrega: “Fue el guardián A. Kolínský quien procuró los medios para hacerlo, llevándole a la celda papel y lápiz y sacando clandestinamente de la cárcel las hojas manuscritas”. Pero la Internet tiene enormes defectos y me ha sido difícil localizar la fuente que confirme, más allá de tomar la figura del periodista checoslovaco como ejemplo, por qué se instauró en esta fecha la conmemoración internacional de los que informan. Sin embargo, la muerte de un periodista en manos de un régimen autoritario debe ser suficiente para conmemorar cuantas veces sea necesario, el trabajo de informar.

Mi reflexión, como ya lo mencioné, toma relevancia en un país como México. Según la organización Artículo 19, en lo que va del gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, once comunicadores han sido asesinados. Echar un vistazo a los informes de dicha organización en su sitio electrónico, produce un escalofrío difícil de sacudir. “Nada que celebrar”, podría ser el titular de algún periódico local pues la muerte ronda a los que encaran con su trabajo todo aquello que huele a corrupción, engaño, simulación. A todo eso que se ha metido en las entrañas de la mayoría de las instituciones del Estado en todos sus niveles y que causa pobreza, violencia, desempleo. Todo eso que convive con los poderosos dueños de las grandes corporaciones a nivel mundial, que provoca guerras, destrucción del medio ambiente y desigualdad en todas partes.

El periodista que se anima a denunciar con su trabajo todo lo anterior, a publicarlo oportuna y verazmente, se encuentra que su compañera de viaje es la muerte.

Obviar la reflexión en el caso del periodismo mexicano, es negar el trabajo de tantos que se entregan todos los días a la sociedad a través de sus notas, artículos y reportajes.

Pero la reflexión debe ir más allá y convertirse en auto crítica y denuncia de los que convierten el quehacer periodístico en charlatanería vociferante, panfletaria, sesgada y llena de falacia oportunista. Si bien en las aulas poco o nada he oído hablar de Julius Fucík, lo qué si se escucha, en la mayoría de los que optamos por estudiar Periodismo, es una voz que dice “debemos hacer mejor nuestro trabajo”.

¿Es posible adoptar un modelo camusiano en el periodismo juarense?

Cada que tengo oportunidad cuando hay plática acerca del oficio periodístico entre los compañeros, la voz literaria de #AlbertCamus aparece con fines reflexivos. El escritor, filósofo y periodista nacido en la Algeria francesa, fue un periodista crítico. “Si [Albert] ejerciera hoy la profesión estaría al frente de un medio de comunicación donde se hiciera, fundamentalmente, periodismo de investigación, de denuncia y social. Un periodismo donde los datos no dejarían indiferente al lector (…). Sería el Camus más combativo, aquel que diseccionó, como un cirujano, la diferencia entre «periodismo -el oficio y los periodistas- y prensa -las empresas»”, dice la periodista María Santos-Sainz escrito en un texto de Antonio Rubio de El Mundo sobre el autor de “El hombre rebelde” y editor del periódico Combat durante la ocupación Nazi en París. En 2012, Miguel Mora de El País informó que Macha Séry, colaboradora del diario Le Monde, había encontrado en los Archivos Nacionales de Ultramar (Aix-en-Provence) un texto de Albert hasta entonces inédito. Un artículo escrito para Le Soir républicaine en Francia, censurado debido a que su contenido atentaba contra el régimen Nazi. “Camus sostuvo el derecho de cada ciudadano a elevarse sobre el colectivo para construir su propia libertad, y definió los cuatro mandamientos del periodismo libre: lucidez, desobediencia, ironía y obstinación”, menciona Mora en su texto.

Imagen de COLLECTION CATHERINE ET JEAN CAMUS, FOND ALBERT CAMUS

¿Podemos encontrar esas cualidades en el periodismo mexicano de nuestros días? ¿Podemos leer textos lúcidos, desobedientes, irónicos y obstinados en el periodismo juarense? Hay periodistas y comunicadores juarenses entregados a su trabajo, no lo dudo; como tampoco dudo que la crítica en el periodismo local existe y se derrama todos los días en muchos medios digitales y en las dos, tres ediciones físicas que todavía circulan. Pero la gran mayoría de esa crítica se cobija en los géneros que deben informar y nada más. Y cuando se intenta informar ocurre todo lo contrario, llevados por el deseo de ser los primeros, ganando la titularidad, lucrando con “clicks” y con los comentarios de sus seguidores en redes sociales. El quinto principio enlistado en la Carta Mundial de Ética para Periodistas, adoptada en el 30º Congreso Mundial de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) en Túnez el 12 de junio de 2019, dice:

“La noción de urgencia o inmediatez en la difusión de la información no prevalecerá sobre la verificación de los hechos, las fuentes y/o el ofrecimiento de una respuesta a las personas implicadas”.

Preguntémonos entonces, ¿se practica la verificación de los hechos por encima de la noción de urgencia en los medios locales? ¿Se practica el respeto a la verdad, el contraste de datos, la diferencia entre información y opinión, el respeto a la presunción de inocencia en el periodismo juarense? Esos algunos de los principios deontológicos que todo periodista debe tomar en cuenta a la hora de hacer su trabajo. Que todo comunicador, reportero, fotoperiodista, redactor, editor, jefe de información o cualquiera que haga del periodismo su trabajo, debe mantener presente cuando haga pública cualquier tipo de información. Y si eso lo tenemos presente los estudiantes de periodismo, aquellos que hemos sido tachados de ignorar la realidad por no ser “periodistas en activo” y vivir en una burbuja academicista; aquellos a los que no se nos quiere pagar por el trabajo que realizamos y las empresas periodísticas excusan con un “te servirá de experiencia”; aquellos a los que los “ grandes medios de prestigio” han robado material intelectual para llenar sus notas digitales, ¿por qué no pueden tenerlo los experimentados que dedican horas y horas al día produciendo notas, reportajes y crónicas? ¿Por qué no llevarlo a la práctica para que los ciudadanos tengan siempre en sus manos información real, de interés público, que al final de cuentas le pertenece a la sociedad? ¿Por qué no vernos como un solo gremio, que cumple una importante y vital función?

Periodistas las 24 horas del día, los 365 días del año

Somos muchos los que deseamos otro tipo de periodismo en Ciudad Juárez, los que tenemos presente que, al llevarlo a la práctica, nos enfrentaremos a un sinfín de obstáculos. Uno de ellos será, por supuesto, luchar contra los intereses económicos del medio al que nos suscribamos y después, a la línea editorial del mismo. Otro será navegar en las aguas independientes, a expensas de nuestro presupuesto y trabajo, luchando desde nuestras trincheras, publicando y publicando. “Liberar los periódicos del dinero y darles un tono y una verdad que dieran al público lo mejor de sí mismo”, decía Camus y nos lo recuerda Santos-Sainz a través del texto de Rubio. Un Camus que decía también que “un país vale lo que su prensa”, o caso específico, una ciudad entera.

Podemos y debemos ser periodistas las 24 horas del día, los 365 días del año, vigilantes de todo lo que ocurre en nuestro entorno. Podemos y debemos ser profesionales a la hora de presentar datos e información relevante ante la sociedad. Pero si no lo somos es entonces imperativo e incluso obligatorio profesionalizarnos, ser lo suficientemente humildes para entender que no todo lo podemos saber, responder y entender. Ahí están las aulas, ahí las organizaciones que apoyan al gremio, ahí las iniciativas de otros periodistas alrededor del mundo que ofrecen las herramientas necesarias para hacer mejor nuestro trabajo.

Todos los días es día del periodista. Pensémoslo de tal modo pues es derecho de toda persona tener acceso a la información y a las ideas, tal y como lo recoge el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. ¿Acaso no necesitamos estar informados desde que comienza nuestro día hasta que finaliza? Esa es sin menoscabo alguno, la base de la misión del periodista, que debe ser acompañada siempre y sin excepción con un alto sentido de responsabilidad ética. Sí, los obstáculos serán enormes, pero podremos sortearlos, no tengo duda al respecto. Lo haremos por nosotros, por nuestra sociedad, para mantener vivos en la memoria las ideas de Julius Fucík y Albert Camus, pero todavía más importante los nombres de Armando Rodríguez “El Choco”, Luis Carlos Santiago Orozco, Miroslava Breach Velducea, Rubén Espinoza Becerril, Regina Martínez Pérez y a tantos más a los que les arrebataron la vida por hacer su trabajo. Reflexionemos, seamos críticos consigo mismos y tal vez, más pronto de lo que podamos imaginar, tendremos mucho que celebrar un 8 de septiembre.

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