Nelson Brito: boxeador de profesión y de vida


Cada migrante que ha llegado a la ciudad tiene una historia de vida que contar, hoy te presentamos a Nelson Brito

Al interior del gimnasio Auza Prieto hay un hombre de tez blanca con manoplas de boxeo entrenando a varios jóvenes. El acento de su voz indica que no es mexicano, sin embargo, su actitud y sus ánimos, mencionan conocidos de él, lo hacen ver y ser más mexicano que cualquiera.

Se trata de Nelson Brito Magdaleno, hombre de 47 años que hoy es entrenador de boxeo y quien llegó a Ciudad Juárez el 25 de mayo de 2019 junto con los miles de migrantes que han arribado a la localidad desde enero de este año.

Nelson es de Cuba, de la provincia de Sancti Spíritus; salió de su país el 23 de abril de 2019 en un vuelo que tomó hasta Panamá para luego de ahí comenzar su viaje hasta México. Dejó su país por no estar de acuerdo con el sistema de gobierno cubano al que considera “difícil y restrictivo”.

Hoy cuenta con un permiso de seis meses para transitar libremente por todo el país y poder trabajar; además de ser entrenador de box por las tardes, trabaja en una tortillería ubicada por la Avenida de La Raza, de la cual se omite el nombre por su seguridad, al igual que la ubicación de su actual vivienda en el centro de la ciudad. El 16 de diciembre tendrá su segunda entrevista para resolver su situación migratoria y él espera “ya poder cruzar y mandar traer a mi esposa y mis hijos, por avión porque yo no los haré venir por la ruta que tomé, esa es muy peligrosa”.


Un clavado en los recuerdos

Nelson se unió a la familia Brito Magdaleno el 19 de diciembre de 1971. Tiene otros dos hermanos: una mujer de nombre Marisela Brito Magdaleno y Alexander Brito Magdaleno, ambos ya radican en EU. Nacieron y crecieron en el campo, en una finca que tenía su abuelo pero que les decomisaron; una vez que les quitaron las tierras, se trasladaron a la provincia de Sancti Spíritus.

Bien dice el dicho, ‘hijo de tigre, pintito’; en 1960 el papá de Nelson fue preso político a causa de que se reveló contra el gobierno, no quiso desertar de Cuba porque él quería ver caer el sistema.

Nelson comenta que “el boxeo es un arte, es dar para que no te den; es enseñar, es técnica”. Y mientras platica, inconscientemente mueve su cuerpo de lado a lado y menciona que en México “ya pelean bonito, ya no pelean bruto como antes” y esto gracias a que hay muchos boxeadores cubanos que desertaron como él de su país y están por todo el mundo enseñando la técnica cubana, y resalta con orgullo que “la escuela de box cubana es muy buena y reconocida”.

Nelson Brito: boxeador de profesión y de vida / Foto: Elizabeth Ramos /

Nelson comenzó a boxear en 1981 cuando apenas tenía 10 años. Cuenta que él estaba practicaba Judo, su papá no lo dejaba boxear, así que boxeaba a escondidas de sus padres en un gimnasio que estaba cerca de su casa. Un día le tocó pelear y un primo de su papá lo vio y le dijo que él lo haría boxeador y hablaría con su padre.

Compitió en una provincial y ganó; con esta victoria en 1982 ya con 12 años lo becaron para entrar a la ELPA representando a su provincia Sancti Spíritus: escuela de atletas de alto rendimiento donde se concentran todos los deportes: boxeo, lucha, ciclismo, voleibol. Su papá no lo quería dejar; fueron entrenadores y compañeros de él a platicar con su papá para convencerlo.

Nelson narra que su papá metió a su hermano y a él al cuarto en el que dormían juntos, y le dijo: “tú vas a boxear, ¿no?, tú vas para la ELPA. Si te rajas, esto es para ti (haciendo referencia a la polea que traía en la mano y en tono de amenaza), “y cuando entre a la escuela y vi a tanto niño, dije: si me rajo mi papá me va a matar, y yo soy hombrecito”. Sin embargo, cuenta entre risas, a la semana empezó a boxear y convivir con los demás muchachos.

El boxeo siempre me gustó, le puse empeño, fui destacado, fui bueno desde niño”, dijo con rostro alegre y orgulloso, antes de contar lo siguiente:

Estuvo en la ELPA hasta los 17 años, luego se fue a la ELPA Nacional en la Habana para integrarse al equipo de Cuba. En 1987 representó a su país en una olimpiada juvenil en República Dominicana donde ganó oro y ese día, Nelson relata con voz de enojo que: “un señor se acercó y me dijo que si quería desertar, y yo le dije que no, yo no quería irme del país; cuando llegue a Cuba me estaba esperando Seguridad del Estado y me pasaron a una oficina ni siquiera llegue al gimnasio, y de ahí me suspendieron dos años”. En 1987 Nelson fue sancionado y suspendido 2 años. Lo mandaron de regreso a su hogar bajo la justificación de “posible migrante”.

Mi objetivo era ser campeón olímpico y mundial, que podía serlo, con bendición de Dios podía, pero me troncharon mi futuro mío”, miró al cielo y agacho la cabeza con decepción.

En 1990 volvió a competencias de boxeo, pero menciona que ya no se sentía igual, se sentía herido por esa suspensión sin justificación. En la ELPA Nacional ganó dos oros y siguió peleando hasta los 25 años, hasta que decidió que era mejor retirarse porque estaba consciente de que ya no viajaría más ni llegaría a ser campeón mundial como era su sueño. A esa edad, en su provincia le hicieron un retiro homenaje todos los entrenadores y la gente que lo conocía.

Nelson Brito: boxeador de profesión y de vida / Foto: Elizabeth Ramos /

A los 27 años empezó de profesor de boxeo, de 1997 hasta el 2008 en el gimnasio Blandino, en su localidad. Terminó su carrera de boxeo con 168 peleas, 148 victorias, 20 pérdidas y 98 medallas, de las cuales 16 fueron de oro.


2008, el año que marcó por completo su vida

“Es un año duro en el que me pasaron muchas cosas”, sus ojos se llenaron de lágrimas y su voz se rompió al intentar hablar del hecho que le duele hasta el día de hoy. “Por una mala contesta mía y una mala decisión de ellos estuve 35 días preso, por decirle una verdad a mí país”.

El 9 de enero de 2008 su hija Daniella Brito Castillo cumplió 7 años. Nelson relata que al día siguiente fue a la bodega por la leche que les corresponde y no se la quisieron dar bajo la justificación de que ya estaba suspendida para ella, porque el comandante Fidel Castro había creado una ley que dictaba que una vez que los niños cumplieran 7 años ya no se les daría leche.

Si Nelson buscaba y compraba un litro de leche a escondidas, es decir, de contrabando, le costaba 7 pesos, y él ganaba 10 pesos “¿con qué me quedaba para sobrevivir, 3 pesos?”, pregunta con euforia al recordar.

2008, 12 de enero, no se me olvida, en una reunión de comités que hacen allá, estaba el jefe de gobierno, jefe de policía y secretario de partido. No iba a reuniones porque no me interesaba nada de eso, pero esa vez fui a participar y les dije que no estaba de acuerdo con que se les quitará la leche a los niños cuando más las necesitaban”, después de eso, lo arrestaron y metieron a prisión por desacato. Estuvo 35 días incomunicado en un calabozo; 10 días sin comer ni beber agua.

A los 32 días le dieron visita, fueron sus hijos, su esposa, su mamá y su papá.

Cuando mi papá me vio, en la salida le dio un infarto cerebral, (silencio), por cuenta mía, por cuenta mía no, por cuenta del Gobierno por lo que dije, por eso me echo la culpa siempre, un silencio nostálgico se apodero de la conversación y de Nelson Brito se dejaron caer algunas lágrimas y golpes en el pecho intentando reprimir el sentimiento.

Cuando salió de prisión, Nelson ya no se dedicó al boxeo, sino a cuidar esencialmente a su padre, iba a las 5:00 AM todos los días a bañarlo y alimentarlo. Cuenta que su padre le decía “niño tu ya vete de este país y yo le dije, no claro que no, yo te voy a cuidar hasta que estés bien, yo no me voy de este país”.

“Yo le prometí a mi papá que si me salía de Cuba iba ser para llegar a Estados Unidos, y si me logro traer a mi familia para acá, nunca vuelvo jamás a Cuba”.

La pelea más importante de Nelson empezó cuando tomó ese avión

Su padre, murió el 12 de abril de 2019, y el 23 abril Nelson voló para Panamá. “Llorando vine todo el viaje, pero todo lo hice por él”.

Durante la travesía de Nelson para llegar a México, él perdió todos sus papales y ropa que traía para entrar a EU. Se quedaron varados una hora en el río, antes de llegar a Tapachula, esperando a que llegará otra lancha por ellos, en ese lapso de tiempo, Brito relata que dos cubanos perdieron la vida ahogados. “Es difícil vivir eso”. Una vez que llegaron a Tapachula, una familia los acogió por diez días, luego un hombre de nombre Erick los ayudó para vestir y los llevó hasta la Ciudad de México. “El viaje desde la Ciudad de México fue el más difícil porque nos asaltaron en el camino los narcotraficantes”.

“Aquí en México me ha ido bien; en Juárez han acogido muy bonito a cubano, los niños que entrenan me quieren mucho ya (mueve sus brazos y ríe), me tratan bien, si no logró cruzar, yo me quedó aquí, aquí se vive bien a comparación de Cuba”.

Es una persona que se acopla, que le gusta el deporte, siempre está disponible y sabe, sabe de boxeo”, comentó Ernesto Reyna, entrenador y compañero de Brito. Marcos Retana cuenta entre risas que al ‘Cuba’, apodo que le dieron a Nelson, ya le gustan los nopales y la salsa y que lo que más les gusta de él es su actitud de servicio; “es muy buena persona, aquí todos lo queremos, cayó en buenas manos y lo llevaremos a conocer todo chihuahua”.

Cada migrante que ha llegado a la ciudad tiene una historia de vida que contar, no salieron de su país por capricho, Nelson Brito se cansó del sistema en el que vivía, es un hombre que no se calla ante las injusticias, por eso cayó preso, por eso le duele la muerte de su padre, por eso quiere sacar a su familia de Cuba para que a sus hijos no les trunquen el futuro como se lo hicieron a él. Hoy, a pesar de todas las peleas de box que ha tenido en el ring y fuera de este, él está lleno de optimismo, no se da por vencido aunque su voz se rompa al recordar. Él está aquí, su destino era el boxeo, por eso entrena a jóvenes que buscan también un sueño.

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