La marcha obrera que se caminó en otro lugar


"Quería apoyar, luchar por mis hijos, levantar la voz sin miedo a que me pase algo… luchar para que mi ciudad sea mejor”

-Miriam Hernández

Dos personas que vestían camisas blancas caminaban en círculos tomados de la mano; tenían el ceño fruncido, sus caras estaban llenas de confusión, como cuando se busca una dirección en el lugar equivocado. Era 9 de noviembre de 2019 y pasaba de las 2:00 p.m. Se detuvieron frente al Monumento a Benito Juárez y pacientes vigilaban su alrededor.

En el centro la cotidianidad seguía su curso; camiones sardinas paseaban por la ciudad, dinosaurios de metal vomitaban gente frente a puestos de frituras, el bullicio entraba por los ojos y ríos de personas desorientas deambulaban por calles mugrientas. El ambiente parecía ser el mismo, sin embargo, algo no encajaba; eran los rostros descompuestos de los actores de una obra teatral (casi eterna) llamada: vida diaria.

Habían pasado 48 horas, Ciudad Juárez era zona de guerra. El fuego abrasó a más de una decena de autos, camiones y hasta personas. Los nervios de la población emergían sobre la epidermis, los ojos buscaban seguridad con una mirada hacia el cielo, las voces estaban mudas por el miedo.

Días antes y luego de un ataque armado hacia la Fiscalía del Estado, el alcalde municipal Armando Cabada, mencionaba en rueda de prensa: “hoy solicitamos a la sociedad, no solamente su comprensión sino la solidaridad a las autoridades” y, aseguraba que los ataques no eran contra la población, por lo que esta debía seguir sus días con normalidad.

Las manecillas del reloj danzaban... en el monumento a través de sonrisas o abrazos las personas se agrupaban. Eran obreras y obreros que habían asistido a lo que pretendía ser una marcha. De acuerdo con datos preliminares del Programa de la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (IMMEX) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en enero de 2020 se emplearon de forma directa y por subcontrato en Ciudad Juárez a 247 mil 803 personas para laborar como obreras y técnicas.

Obrero/as en el Monumento a Benito Juárez / Foto: Ciela Ávila /

Faltaba poco para las 3:00 p.m. y una mujer de cabello rojo empezó a hablar en voz alta. Era la abogada laboral Susana Prieto Terrazas, quien hacia una reaparición en la ciudad tras liderar el Sindicato Nacional Independiente de Trabajadores de Industrias y de Servicios (SNITIS) derivado del Movimiento 20/32 en Matamoros, Tamaulipas.

Susana Prieto Terrazas conversando con obreras y obreros / Foto: Ciela Ávila /

“Eso es algo realmente reprobable y el motivo de haber convocado a esta, quizás, improvisada reunión fue precisamente para mostrar ese repudio”, mencionó Susana Prieto a diez asistentes tras el ataque a un camión de transporte de personal que pertenecía a la maquiladora Termocontrols en el que 14 personas fueron hospitalizadas por quemaduras de diversos grados.

Miriam Hernández, obrera de maquiladora y habitante del suroriente, hizo un viaje de casi dos horas para llegar al evento. Dijo que asistió a la convocatoria de la marcha porque:

“quería apoyar, luchar por mis hijos, levantar la voz sin miedo a que me pase algo… luchar para que mi ciudad sea mejor”

Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública del INEGI, en Chihuahua se registraron 28 mil 622 casos de incidencia delictiva por cada 100 mil habitantes en 2018.

Rostros desanimados formaron un círculo, lo que pensaron iba a ser una gran marcha para expresar su desaprobación a todo lo ocurrido, terminó en una conversación sobre la situación de violencia en la localidad. Tristes, lamentaban el poco apoyo de sus compañeros y compañeras. Mientras tanto, en Matamoros, otro grupo de obreras y obreros marchaba para apoyar los gritos de justicia que en Ciudad Juárez las y los trabajadores dieron el mismo día y a la misma hora en silencio.

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