La hilarante y absurda luna de octubre


Reseña de la película Joker de Todd Phillips El animal más sufriente de la tierra se vio obligado a inventar la risa

Friedrich Nietzsche

Desde la antigüedad, la creencia general en torno a la luna llena es que detona accesos de locura en los más susceptibles. El plenilunio del mes de octubre ofrece espectaculares postales y seguramente en nuestros días, todavía hay personas que consideran potente y efectivo su influencia sobre los propensos y débiles mentales. Pues bien, es un 15 de dicho mes cuando Arthur Fleck, interpretado por Joaquin Phoenix (San Juan, 1974), comienza la espiral descendente hacia los confines más estridentes de la locura, mientras se maquilla frente a un espejo e intenta reencontrarse con una sonrisa que ya no se materializa en su rostro. La fecha es anunciada por un locutor radiofónico de la sucia y desvencijada Ciudad Gótica, muy al principio de #Joker (2019) de Todd Phillips (Brooklyn, 1970), filme que, a poco más de dos semanas de su estreno, ha levantado una serie de comentarios tanto positivos como negativos, sea por el giro que le otorgó su director, desligándose totalmente el estilo acostumbrado de las películas de superhéroes o por el potencial peligro que representa para los estadunidenses, según varios sectores de esa sociedad, que han vivido suficientes eventos trágicos y violentos donde han perdido la vida muchas personas.

Fleck, payaso de medio pelo y proto standupero que vive míseramente con su madre Penny, sufre de una enfermedad mental que le aqueja y atormenta. Víctima de un pasado abiertamente hostil e inhumano, el aturdido, escuálido y enfermo hombre, sufre tanto de golpizas y vejaciones de otros ciudadanos, como del desamparo del Estado que, en crisis, recorta las ayudas sociales para aquellos que más las necesitan. El payaso - hombre busca cumplir con su misión de hacer felices a otros a través de su comedia, pero pasa desapercibido como ser humano y ciudadano, y se ve obligado a actuar en consecuencia pues enough is enough.

Toda esa construcción argumental de Phillips, con apoyo de Scott Silver en el guión, parece llevar al espectador a empatizar con el desposeído, el "otro", el invisible a los ojos de la sociedad.

Y entre muchos lo llevó a buen fin pues consideran que las acciones de Fleck están justificadas pues ha sido llevado al límite de su paciencia y sanidad mental. Todo lo que acontece después del "acto en defensa propia", que el futuro archinémesis de #Batman lleva a cabo, parece activar la necesidad de éste de continuar por dicha senda, que al final lo encumbrará como el psicópata asesino y "príncipe payaso del crimen" en Gótica.

Imagen de infoabe.com

La película de Phillips, también protagonizada por Robert De Niro (Greenwich Village, 1943), Zazie Beetz (Berlín, 1991), Frances Conroy (Monroe, 1953) y Brett Cullen (Houston, 1956), tiene varias lecturas. La primera es esa de la empatía con los que han sido olvidados y pisoteados, que buscan el reconocimiento de las (sus) instituciones: desde un veterano talk show host (De Niro), hasta una amable y bella vecina (Beetz), pasando por el amor maternal y paternal (Conroy y Cullen) tan necesario en el fortalecimiento de la psique humana.

Es también una brújula moral de 122 minutos de duración, con el fin de saber qué dirección/opinión toman los que la observan en cuanto a justificar los actos de Arthur Fleck en contra de los que se han ensañado con él. También adopta una postura política similar a aquella en The Dark Knight Rises (2012) de Christopher Nolan, al abanderar la frase "muerte a los ricos", tal y como lo hace Bane, otro enemigo del Caballero de la Noche. Es también una serie de alegorías que tocan al Sísifo de Camus (el penoso recorrido por las escaleras cuesta arriba); el emparentamiento con obras mayores de Martin Scorsese (Taxi Driver, The King of Comedy, Mean Streets) y William Friedkin (The French Connection) en el plano ficcional geográfico, así como de otras mucho más obvias, aunque en dosis menores, como Modern Times de Charles Chaplin (Charlot patinando feliz al filo del abismo) y el tardío screwball comedy de Billy Wilder y Howard Hawks (Arthur cruzando cómicamente la pantalla de un lado a otro mientras es perseguido por un enfermero, justo antes de los créditos finales).

Imagen de cinepremiere.com

El filme se sustenta sobre la transformación previa y on set de Phoenix que, a diferencia de sus antecesores como Nicholson y Ledger, lleva a cabo frente a la cámara, frente a nuestros ojos. Incluso hay momentos, casi postales efímeras, donde Fleck/Phoenix se asemeja al Guasón animado para la televisión de Batman The Animated Series de mediados de los noventa, al que Mark Hamill prestó su voz. Importante sería recalcar que, en lo que refiere a la materia empática por el personaje, ésta debería desvanecerse conforme Fleck deja de serlo para convertirse en el Guasón, so pena de regodearnos con la violencia que ejerce sobre otros, siempre consciente y con un fin último: encontrar el auto reconocimiento como asesino en potencia y no la autocompasión redencional.

El diseño de producción y la fotografía nos asoman a rincones bañados de mortecina luz azul y verde, algo ya visto en otros filmes del hombre - murciélago, donde la decadencia urbana es co protagonista. Gótica necesita ese toque de suciedad y negrura: lo hizo de forma esperpéntica Tim Burton, de forma postmoderna Christopher Nolan y hasta quijotesca en neón Joel Schumacher. Claro está que Phillips buscó realismo y lo contrastó con una banda sonora casi onírica, cortesía de Hildur Guðnadóttir. El montaje, si bien nos mantiene atentos y juega con nosotros como lo haría la enferma mente de Fleck, por momentos cae en baches seccionales con secuencias un poco extensas, que pudieron omitirse pues no arrojan más luz a los acontecimientos de lo que intuimos, ocurrirán.

Y más allá de las escenas sorpresivas, llenas de líquido hemático salpicado por todas partes (¿acaso olvidaron que Phillips bebió de Scorsese?), hay otras que se quedan en la memoria, que se repiten una y otra vez luego de abandonar la sala de cine: la pesadumbre a cuestas del payaso - hombre al subir las escaleras; el macabro baile en el sucio baño; ese otro mientras se tiñe de verde el cabello; otro más y llevado al paroxismo cuando desciende las escaleras (ascender es mantener la cordura, descender es perderla por completo) y las imágenes yuxtapuestas de Fleck y el joven Bruce Wayne, cuando sus destinos están echados.

Destinos que se volverán a encontrar en un futuro y que, en voz del Guasón de Ledger/Nolan, son como una fuerza imparable versus una inamovible.

Joker es autoría de Todd Phillips, pero lo es más de Joaquin Phoenix, que ya consagrado con papeles curiosamente absurdos (en el contexto camusiano pensemos en You were never really here de Lynne Ramsay, Her de Spike Jonze, The Máster de P. T. Anderson, por mencionar algunos), confirma su maestría actoral llevada a los límites físicos y posiblemente psicológicos.

Imagen de cinepremiere.com

Platón decía en su República: “Tampoco conviene que nuestros jóvenes sean propensos a la risa. Una risa violenta trae generalmente consigo una violenta alteración del ánimo. (…) Es pues inadmisible presentar a hombres dignos o de respeto dominados por la risa, y mucho menos a los dioses". Arthur Fleck, luego Guasón, se nos presenta esta ocasión como el epítome de la risa malévola y oscura, algo que seguramente esconde la luna, especialmente en octubre, cuando es absurdamente bella y favorece a los propensos mentales dejarse llevar por la hilaridad más asesina.

Ficha técnica

Joker. 2019. Director: Todd Phillips. Productores: Todd Phillips, Bradley Cooper, Emma Tllinger Koskoff. Guion: Todd Phillips y Scott Silver. Música: Hildur Guðnadótti. Director de fotografía: Lawrence Sher. Protagonizada por: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Zazie Beetz, Frances Conroy y Brett Cullen. Warner Brothers Pictures, DC Films. EUA


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