La conciencia de escribir sobre cine


Para escribir uno necesita tiempo, sí, pero también la voluntad de hacerlo, y esa voluntad no puede nacer de otro lugar que de la conciencia de lo que significa escribir


Sergio Huidobro I/Escribir

Del ensayo titulado “Usted no debería leer nada”

Los tiempos de reclusión son tiempos del cinéfilo: invertir horas para ver una o dos películas es pan de estos días. A la forzosa y necesaria - la que vivimos hoy, por ejemplo – la podemos aprovechar para ver, analizar y observar con detalle diversidad de títulos. Para la cinefilia seria y entregada, la que se encamina con el tiempo a la crítica y análisis como vehículo de comunicación de ideas sobre el séptimo arte, este momento puede ayudarle a replantearse y/o profesionalizarse. Puede ser momento de observar a la profesión periodística como el medio formal y sustentable para maquinar ideas, generar conversación y relaciones dialógicas, tanto con el medio cinematográfico, como con los que tienen una estrecha relación con él.

Hace varias semanas, el encierro nos llevó a encontrar en el océano digital – en la conocida isla Twitter - una oferta de #FilmotecaUNAM: el curso online Historia(s) del Cine Mexicano, con el crítico Sergio Huidobro como profesor y con una duración de diez sesiones. Ese espacio de contacto fue el puente que se tendió para luego conversar con él acerca de su trabajo y experiencia dentro del mundo de la crítica. Uno que para muchos periodistas jóvenes que se preparan en las aulas, es el ideal para desarrollarse profesionalmente con el fin de ejercer la #cinefilia y proponer ideas sobre las imágenes que ven en la pantalla.

Amable, amplio en sus respuestas y con disposición de hablar sobre varios temas que giran alrededor de la profesión de crítico de cine, Sergio se conectó con nosotros a través de #Zoom en horas vespertinas desde la Ciudad de México, su lugar de origen y residencia. Acostumbrados a entrevistar en persona o vía telefónica, cuando la labor así lo exige, la plataforma cumplió con el objetivo de entablar una plática amena y reflexiva. Comunicólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (#UNAM), con un posgrado en Estudios Latinoamericanos con especialidad en literatura colombiana, Sergio vio en el periodismo cultural el espacio idóneo para hablar sobre el cine. Colaborador para diversas publicaciones como La Tempestad, La Jornada, Cine Premiere, también lo ha hecho con la revista Mil Mesetas, El Fanzine, Periódico de Poesía, Contratiempo y Ágora, del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

En 2011 recibió el primer lugar en el Concurso de Crítica Cinematográfica Alfonso Reyes – Fósforo, en el marco del Festival Internacional de Cine de la UNAM (#FICUNAM) con un texto acerca del filme Poesía del surcoreano #LeeChangDong. Corresponsal en festivales de gran calado, como el de Cannes, Berlín, Morelia y muchos otros, su experiencia habla de un profesional con verdadera vocación cinefílica.


Primeras pantallas y la profesionalización

La gran mayoría adopta, desde la edad infantil, el gusto por algo que, en la adultez, puede acrecentarse a niveles insospechados. Para Sergio, ser hijo único le proporcionó el tiempo y solitud necesaria para adquirir el gusto por libros y comics, pero sobre todo, por el cine: “De los recuerdos de mi infancia, los más vivos que tengo están anclados a lecturas, pero sobre todo a ver cine. Son recuerdos muy vívidos y detallados de las salas con las que iba acompañado de mi mamá - ninguna de esas salas existe ya –, de los posters, las películas, de leer sobre ellas.

Tuve una infancia feliz, me la pasaba metido en mis dibujos, también me gustaba ver películas con mi abuela. Esas sensaciones como que más prosaicas, como el olor a las palomitas, de ver filmes muy malos, pero de los que tengo recuerdos vivos. Cintas de Arnold Schwarzenegger, Gloria Trevi… lo comercial dentro de lo comercial”.

Cultivada la cinefilia hasta su etapa como universitario, comenta que entonces sintió interés por la consulta e investigación, que por el reporteo en la calle: “No tenía interés y habilidad en el trabajo de campo, no tenía el latido del reporteo. Lo ejercí un tiempo, pero no me encontraba en mi medio. Para el reporteo y trabajo de campo, necesitas estar seguro de tener esa pasión, compromiso y yo no sentía eso. Pero mientras consultaba archivos, realizaba investigación en hemerotecas y organizaba proyectos - y sobre todo veía mucho cine -, me di cuenta que en el periodismo cultural sí me sentía en mi lugar, en mi espacio”.

Es a partir de esos recuerdos que hace una importante reflexión sobre lo que hoy todavía se considera periodismo y lo que no en las aulas universitarias:

“Muchas veces el periodismo cultural suele verse como una especie de margen, como área anexa, que no es EL PERIODISMO, y que éste solo incluye al político, económico. No me importaba llegar a ser como Carmen Aristegui y al final de la carrera supe que sí había forma de profesionalizarse en lo cultural, aunque entonces no estaba siquiera en el plan de estudios”.

Realizada su tesis de investigación sobre los cines con arquitectura #artdéco en la Ciudad de México, que en palabras de Sergio coincidió con la segunda ola de este estilo, “como una especie de revival con la última época de construcción de los grandes cines de una sola sala”, el crítico recuerda su última etapa en la licenciatura y sus comienzos como periodista cultural: “Una de las revistas con las que tengo suerte de colaborar, #LaTempestad, tenía una versión llamada La Tempestad Universitaria, que era gratuita y se distribuía en ciertas universidades privadas y facultades de Ciudad Universitaria. La primera vez que publiqué y me acerqué a la crítica fue en la edición universitaria. Fue durante los últimos semestres, pero sobre artes plásticas. Escribí sobre una exposición de #PierreSoluges que se montó en la ciudad”. Entonces hace una pausa y bromea al decir que seguramente los editores no le vieron madera para cubrir esa clase de eventos: “A lo mejor no les gusto el texto sobre artes plástica y dijeron «es bueno, pero no sabe de esto». Poco después, si no me equivoco, publiqué la primera crítica de cine para ellos, fue sobre La escafandra y la mariposa de #JulianSchanbel, por allá de 2008…seguro pensaron que era mejor quedarme con lo del cine”.


Un espaldarazo y el problema de la exigencia inmediata

Sergio ahonda en su etapa temprana como periodista y escritor, y recuerda su labor durante cuatro ediciones de la Feria del Libro del #PalaciodeMinería. Primero, como becario; después, como trabajador de planta: “Subí en el escalafón, llegué a ser subjefe del departamento de prensa y cubría presentaciones de libros de todo tipo. En una ocasión me asignaron cubrir la presentación de un libro de #RafaelAviña sobre #TinTan. Al final me acerqué y le pedí una entrevista, estuvimos ahí un buen rato y ya, todo normal”.

Esa cobertura resultó para el crítico algo esencial, que recuerda con entusiasmo y agradecimiento para con Aviña: “Poco después me dijo la que era mi jefa, que Rafa había llamado a la oficina para externarle su agrado hacia la entrevista y la nota que habíamos publicado sobre su libro, y que me felicitara. Me sentí en los cuernos de la luna”.

Para Sergio, un detalle así puede marcar la diferencia en la vida profesional de cualquier periodista en ciernes, algo que inyecta ganas y deseo por continuar en la profesión:

“Rafa trabajaba en Reforma, yo conocía sus libros sobre investigaciones acerca del cine mexicano y pues fue como si David Bowie me hablara y dijera «cantas bien». Es gratitud eterna con Rafa, que me haya dado esa seguridad, y creo que todos los estudiantes o quienes acaban de egresar, necesitan. Todos necesitamos algo así al comenzar

Pasa el tiempo y es un mercado competitivo, y que nadie te diga que hacer, que te lancen al agua así nada más, es difícil. Pero que alguien que admiras y respetas se tome unos minutos de su tiempo y diga que no lo haces mal, es fundamental en la vida profesional de cualquiera, que te den un pequeño espaldarazo”.

Era el año 2010 y la convergencia digital en los medios era un hecho. Esto, por supuesto, tomó por sorpresa a muchos en el ámbito cultural del periodismo y Sergio recuerda no haber sido la excepción: “No estaba preparado para ello. A lo mejor mi generación fue de las últimas que salimos con la de ver nuestro nombre en el papel, como meta profesional. Estar todos los días impreso en un papel periódico, encontrar tu nombre cada semana en una revista, la columna que uno lee mientras viajas en metro o en autobús, estas cosas románticas, un ideal aspiracional. Y todavía, por varios años, me aferré y cerré los ojos ante el cambio. Pero después comencé a explorar el podcast, los videos, obviamente el digital en cuanto a texto”.

Y esa transición ¿qué tanto cambió la manera de hacer crítica cinematográfica en el país?, a lo que Sergio responde: “En los últimos diez años, ha cambiado que no siempre quiere decir evolucionado, en el sentido progresista o de mejora. Pero creo que la inmediatez ha sido un cuchillo de dos filos para el periodismo en general. Hablo desde mi experiencia, pero creo que en todas las áreas ha sido lo mismo, la inmediatez comenzó siendo una ventaja informativa y se convirtió en un vicio, y finalmente en algo que oprime muchas de las virtudes naturales del periodismo, como la capacidad de análisis y comprensión de lectura. Por un lado, la inmediatez, y por otro la saturación de información”.

Observador tanto de las imágenes como de su entorno, Sergio “ve un desastre” en las redes sociales, pues dice se quiere ser el más rápido diciéndolo cada vez más fuerte:

“Una especie de cacofonía que, en ambos casos, no tiene nada de periodístico. Al periodismo cultural le afecta, particularmente porque la práctica está basada, primero, en la observación como método, un proceso de destilación, de ir decantando gota por gota. La observación de la obras, artistas, trayectorias, procesos creativos, de cómo se relacionan las obras con las audiencias”.

En cuanto a la cobertura y crítica cinematográfica, Sergio considera que el camino es similar: “En la cobertura de festivales la inmediatez carcome a la profesión, al método sobre todo. No puedo asegurar cómo es que las nuevas generaciones lo ven… tal vez sea horriblemente condescendiente de mi parte, pero sí creo que la inmediatez se ve como algo natural y necesario, y no como algo que tendríamos que combatir. Lo veo seguido, esta competencia por «decirlo rápido y fuerte», de modo que se imponga o legitime cierto criterio, gusto, opinión, adjetivo incluso, por el mero hecho de decirlo antes y más alto, como que eso es lo que valida la crítica”.

Tweets llenos de opiniones fugaces, “en caliente”, con los lectores a la espera, cosa que considera reprochable pues “se convierte en crítica estomacal, visceral, sentida, cuando todavía no se enfría la cabeza”. Sin embargo, Sergio es consciente de que hay formas en la profesión que se mantienen y deben cumplirse, como la obligación de entregar un texto antes del cierre de edición: “Aparte tienes encima una entrevista y demás. Pero esta inmediatez se contagia a los lectores, que esperan en sus smartphones para saber qué se dice de la exhibición vista en #Cannes. Es algo que afecta a la crítica, sin duda”.

Otras partes de México, otras formas de la crítica

Como tallerista del proyecto #PolosAudiovisuales, del Instituto Mexicano de Cinematografía (#IMCINE), un punto neurálgico para creadores y público cinéfilo de varias partes del país, Sergio observa diversidad de crítica en otros estados: “Te pone en perspectiva, ver las publicaciones y todos los trabajos; cortometrajes y escuelas de cine de esas otras zonas del país. Me di cuenta que, a pesar de mi visión de chilango centralista insoportable, en todos lados hay una cinefilia muy viva. Supongo que podemos sacarle ventaja a lo digital pues hay gente que escribe en medios electrónicos y lo hace increíble. En Guanajuato, Querétaro… y muchas son mujeres.

Creo que es un beneficio adicional que existan voces femeninas y feministas, conviviendo con la crítica, que ha sido un espacio masculinizado desde los tiempos de #AlfonsoReyes y #MartínLuisGuzmán, pasando por los miembros de #NuevoCine. Hoy es tangible”.

Entonces profundiza sobre el trabajo que hoy realizan las mujeres mexicanas en la crítica cinematográfica y no deja de sorprenderle la capacidad de diálogo que hay entre todas ellas: “Entre las que escriben hoy, de mi generación y la siguiente digamos menores a los 30 años, sí veo que hay un tejido de nudos y complicidades; de sororidad y diálogo intelectual muy genuino entre ellas, mientras que entre hombres seguimos jugando a la pelea de gallos, a hinchar el pecho y pararnos la cresta. Lamentablemente no participamos de esta complicidad natural que enriquece, como dice el viejo dicho «entre todos sabemos todo», pues en la crítica tendría que funcionar algo así, algo dialéctico, como un espacio académico, porque la crítica es académica, incluso la que se hace en los medios”.

Entrevista a Sergio Huidobro en Verde Esmeralda / Imagen de ivoox.com

Sergio encuentra también una diversidad de crítica elaborada desde distintos formatos y no nada más textual: “Abonan al diálogo porque la perspectiva es totalmente distinta, aquellos cinéfilos que hacen crítica, pero también hacen cortometrajes, programan festivales, abren espacios de proyección aunque sean pequeños.

Eso también es una forma de hacer crítica, desde otras trincheras, ejercerla junto a la cinefilia pues la canalizan a través de estas otras maneras y espacios, y eso si lo he visto en el sureste, en el Bajío y en muchas otras ciudades”.

Lo que lamenta es que no existan momentos de verdadero diálogo, similares a los que en su momento existieron con el grupo de Nuevo Cine o en la Alemania de los setenta. Considera que son más enfrentamientos de ego y narcisismo: “Se intentan anular mutuamente, eso me parece terrible. Se reduce y vulgariza a nivel de tirar mierdita en Twitter, de lanzar ironías en redes sociales, armar pequeños grupos o camarillas que ni siquiera son por afinidad intelectual ni postulados estéticos de algún tipo. Observo a críticos dialogar entre sí desde su narcisismo, que además es apabullante pues el protagonismo que puede tener la crítica de cine como autoindulgencia, como esta forma enaltecedora de uno mismo, no es agradable. No veo que existan voluntades de los propios críticos como para enfrascare en discusiones intelectuales genuinas, que aporten y sean constructivas”.

La crítica cinematográfica hoy, ¿un servicio público?

Y con los momentos de encierro durante la crisis, también llegan momentos de reflexión profunda, específicamente sobre la profesión que uno ejerce. Para Sergio no ha sido la excepción:

“Ves a esos profesionales, lo que hacen médicos, enfermeras, epidemiólogos, la gente en la #OMS, y dices «wey, qué es mi trabajo comparado con eso»… supongo que nos pasa a todos que no nos jugamos la vida. Ves esas historias y dices «y yo para qué sirvo», ves a la gente que se ha ganado su lugar en el mundo, la que salva vidas, la que hace investigación para controlar esto, profundizas al respecto”.

Pero en su reflexión considera que la misma crisis lleva a muchos sectores poblacionales a estar frente a las pantallas para experimentar y consumir cine como nunca antes: “La relación que tiene la gente con las imágenes es fundamental en estos momentos. #MartínCaparros publicó un artículo en #NewYorkTimes en marzo llamado “El mundo es plano”, acerca de la nueva relación que tenemos con las pantallas. Se convirtieron en el mundo y nuestro consumo de cine, videos, audiovisual en general, es muy intenso y movido por la necesidad. Es muy visceral y al mismo tiempo es menos crítico.

Creo que la labor de la crítica es y será de ayudar a pensar las imágenes y detonar la reflexión en torno a lo que vemos o escuchamos en las pantallas. Creo que tiene su dosis de servicio público, la crítica de cine en entornos como éste – Sergio se detiene y ríe - o lo digo para alivianarme, nada más

Pero sí, una gran parte de la población consume en estos momentos cine y creo podemos encontrar o reencontrar una vocación de servicio público, más allá de los protagonismos y narcisismos”.

Ha pasado poco más de una hora y lanzamos una petición a Sergio antes de finalizar la entrevista por Zoom. Hay en Ciudad Juárez una afilada comunidad cinéfila, de la que pueden nacer importantes voces críticas y analíticas. Dentro de las carreras de Periodismo en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), existen mujeres y hombres jóvenes que cultivan la cinefilia y buscan en el periodismo cultural un espacio para contribuir a pensar el cine. Obtener un mensaje para todos ellos en voz de uno de los jóvenes críticos con probado conocimiento y experiencia es necesario: “Que vean y lean mucho sobre cine antes de considerarse capaces de ejercer la profesión, que no tiene nada que ver con el protagonismo o la vanidad. Hay un montón de personas que escriben y se consideran más importantes que las películas sobre las que escriben. Se ponen en primer plano y dejan en segundo a los profesionales del cine. Estar prevenidos a no hacer eso es un buen primer paso. Sean creativos, generen sus propios espacios, tómense el tiempo y hagan un esfuerzo por comprender la hechura de las películas, de entender el proceso creativo porque el periodismo cinematográfico es el puente entre esas personas y las audiencias, es parte de la responsabilidad que tenemos”.

Antes de concluir, Sergio Huidobro deja claro que el periodismo cultural es y será siempre periodismo serio, y que ello conlleva una enorme responsabilidad:

“Ejercerlo como periodismo a secas, no es soft ni blando, no se pueden transgredir con mayor facilidad las barreras éticas, deontológicas, de mentir nada más porque las consecuencias son menos graves o porque nadie se dará cuenta. Es PERIODISMO, entonces hay que ejercerlo, pensarlo, ejecutarlo, escribirlo con seriedad y respeto por la profesión, por el lenguaje. Nunca lo consideren menor”.
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