Esa estela de luz de apellido Cerati

Sin querer la vi llegar su vibrante luz encarnada de ilusión .

Es la especie que nos une,

un salto mortal para que la vida continúe


Especie Siempre es Hoy 2002

Un día como hoy, hace cinco años, murió el que posiblemente fue el mejor cantautor de música rock en toda América Latina, Gustavo Adrián Cerati Clark. De altura imponente, carismático dentro y fuera del escenario, hábil en la guitarra, la composición, el canto y la producción; cerebro creativo de una de las bandas más importantes del rock argentino; prolífico letrista, multi colaborador, influencia constante de otros músicos que le precedieron.

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Gustavo Cerati era energía pura. Le alcanzó la vida para conformar #SodaStereo, el grupo de los amores de la generación que me antecedió. Le alcanzó para generar proyectos alternativos bajo el género que él bautizó como lap top music. Le alcanzó para forjarse una exitosa carrera como solista. Le alcanzó para producir un disco sinfónico. Le alcanzó para reunirse con sus camaradas Alberti y Bosio, y darle la vuelta a Latinoamérica en una soñada gira del regreso, donde miles los volvieron a ver. Le alcanzó para actuar en una película dirigida por Eduardo Capilla junto a Ruth Infarinato y Damián De Santo. Le alcanzó para participar en diversos discos homenaje a The Beatles y The Police. A Gustavo le alcanzó la vida para hacer un sinfín de cosas relacionadas a lo que más amaba, la música. Pero no le alcanzó para llegar a los 56 años.

Pero hay que remarcar y cincelar sobre el mármol, la vida y obra de artistas como él, que se atrevieron a caminar con el paso del tiempo, sin detenerse en la nostalgia o los viejos triunfos, haciendo caso omiso a las modas, dejando de lado los sonidos populares que se gestaron a partir de la década del 90, principios del 2000 y la transición hacia el 2010. Muy al principio, por supuesto, se atrevió a fotocopiar atuendo y estilo visual de algunas bandas y artistas británicos de la década de los 70 y 80 que admiraba: The Cure, Duran Duran, The Police, David Bowie, por mencionar apenas algunos. Pero Gus y compañía supieron virar y tomar fuertemente el timón de su carrera artística para hacer de Soda Stereo la moda del momento. Y la característica esencial es que fueron moda de factura musical impecable. Cuando pase el temblor, Persiana Americana, Prófugos, Nada personal, Juegos de Seducción, En la ciudad de la furia, Un millón de años luz, De música ligera, Hombre al agua, Primavera Cero, Luna Roja, Paseando por Roma, Zoom… apenas una selección de lo más sonado y recurrido por la generación anterior a la mía.

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Soda Stereo pisó Ciudad Juárez en dos ocasiones, en 1988 y 1989. En la primera ofrecieron un concierto en la plaza de toros “Alberto Balderas”; en la segunda el recinto fue el Gimnasio Universitario (UACJ). Once años después, Gustavo volvió en plan solista con su disco Bocanada. Fue la tercera ocasión que visitaba estas tierras y la primera vez que yo lo veía en vivo. Las canciones de mi hermano mayor fueron las enlistadas arriba; las mías fueron completamente distintas. Puente, Río Babel, Raiz, Engaña, Paseo Inmoral, Bocanada, Y si el humo está en foco, Beautiful, Tabú, Verbo Carne… todas ellas de su segundo álbum como solista pues no olvidemos al mágico Amor Amarillo y tomemos Colores Santos como un side proyect entre Cerati y Daniel Melero cuando Soda todavía lo era. Esas canciones líneas arriba, fueron las mías y las de muchos a finales de los 90 y principios del 2000.

La segunda y tercera ocasión que lo volví a ver fue también en el Gimnasio Universitario, con Siempre es Hoy y Ahí Vamos bajo el brazo. Las tres ocasiones fueron apoteósicas, únicas, inigualables. Se apoderaba del escenario, lo hacía suyo, lo disfrutaba y nosotros con él. Con la salida de Fuerza Natural en 2009, muchos esperamos ansiosamente su llegada a esta frontera. La vida entonces lo puso en un estado comatoso y se lo impidió. Y comenzó ese largo y penoso proceso, un estado de suspensión de la vida y el disfrute musical para muchos de sus fans y seguidores, que lo sentíamos como nuestro padre artístico, la señal luminosa en la que confiábamos, disco tras disco, para encontrar en sus letras y sonidos una respuesta a lo que vivíamos en ese momento. Su estado comatoso fue el nuestro también. Y unos años después, se apagó su fuego.

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Con la música de Gus de fondo lloré, grité, me exalté, dormí, soñé. Con su música al fondo recorrí carreteras, me encerré en mi habitación un centenar de ocasiones, experimenté el agua salada del mar por vez primera para flotar en las olas del Pacífico. Con sus sonidos al fondo hice el amor, me enamoré, escribí cartas, vencí algunos obstáculos y me dejé vencer por algunos otros. Con la música de Gustavo Adrián en mi cabeza, recibí a mis dos hijos cuando cada uno llegó a este mundo para hacer de mi vida algo esencial. Tan así que el segundo nombre de mi hijo mayor es el segundo de Gus. Todo sea en su honor. Nacer, crecer, vivir, vivir, vivir, vivir…

Un día como hoy, hace cinco años, Gus trascendió a otro estado y nivel de conciencia. Yo lo imagino navegando entre las estrellas, convertido en polvo estelar, danzando en alguna nebulosa, tan lejano, tan cerca. Y desde aquel lugar, desconocido para nosotros, imposible siquiera de imaginar cómo estado material, envía señales que se reproducen una y otra vez en cada una de sus canciones. Replica mensajes con su impronta, aunque jamás volvamos a escucharlo cantar en vivo. Vendrán seis, siete, diez, veinte, cincuenta años de recordar que partió un 4 de septiembre de 2014, y con certeza puedo decir que estará más vivo que nunca, más presente, cerca, más cerca, para que la vida continúe.

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