El calor en mi Juaritos neta que es otro rollo  


¿Qué juarense no ha sufrido por el clima de esta ciudad? Esta es solo una de las muchas experiencias que cualquier ciudadano ha tenido que soportar bajo el clásico calor de la frontera

El calor era abrasador. Veo las montañas de la Sierra de Juárez a lo lejos mientras corremos en un Mustang gris por el boulevard. Por más que vamos a aproximadamente 60 km/h, el viento que entra por las ventanas jamás fue suficiente para poder disipar el bochorno que estábamos sintiendo todos en ese momento.


Incluso puedo llegar a distinguir como el asfalto de la carretera en un instante se vuelve borroso, como si el calor flotara en la superficie.


Siento una pequeña gota de sudor correr por mi espalda mientras estoy recargada en el asiento del copiloto y de pronto me siento más bronceada de lo normal, pues mis piernas comienzan a tornarse algo morenas, luego de estar completamente expuestas a los rayos del sol. Mis ojos me empiezan a arder y estoy completamente sofocada, es ahí cuando me doy cuenta que el calor en Juaritos, es otro rollo.


Pienso por un momento que me parezco a uno de esos típicos conos de nieve de diez pesos que te venden en el centro, de los cuales no te puedes fiar mucho de su consistencia, pues de pronto todo mi maquillaje empieza a “derretirse” o, mejor dicho, a desaparecer. Ahora que lo pienso realmente me lamento por ser una mujer vanidosa. Estoy segura que hay cosas más importantes por las que sufrir en este mundo, que dramatizar algo tan superficial.


Paramos en uno de los tantos semáforos, en el cual me empecé a cuestionar lo mucho que seguramente estaban sufriendo los vendedores ambulantes y a pesar de que me sentía terriblemente pegajosa de la cabeza a los pies, supe que era una afortunada por haber estado ahí; al menos yo estaba en un carro que pronto me llevaría a casa, a diferencia de ellos, a quienes les deparaban horas intensas bajo el sol. Cerré los ojos momentáneamente y lo único que por mi mente paso es el deseo de que un día todos tengamos una realidad favorable.


El panorama en la ardiente ciudad ya había sido pronosticado desde días antes. Sin embargo, justo nos encontrábamos en la tarde más calurosa, estábamos a nada más ni nada menos que 44 grados centígrados; por lo que no era sorpresa para nadie que en esta temporada todos buscáramos algo para refrescarnos, que era justamente lo que estaba haciendo en medio de la contingencia. Regresaba de ir a buscar el material necesario para instalar un ventilador en mi refugio favorito (mi cuarto), porque se los juro que dentro y fuera de mi casa podía sentirse el calor de igual forma.


A pesar de que llevaba puesto un vestido y unas sandalias, lo cual considero un outfit ideal para la ocasión y el clima, no me bastó para soportar lo desagradable que se sentía el día. Anhelaba llegar a mi hogar para ponerme bajo el aire acondicionado (lo cual no recomiendo que hagan, a menos de que quiera enfermarse y pasarla peor), y por supuesto, tomarme un buen vaso de agua fría.


Lamentablemente el calor infernal decidió hacernos otra jugada; el carro comenzó a calentarse y dio como resultado quedarnos varados en el tráfico, aunque eso solo fue por unos breves instantes, fue la gota que derramó el vaso en medio de nuestra desesperación. Mi querido copiloto tuvo que buscar la manera de que llegáramos rápidamente a casa, así que tuvo que pisar el acelerador como alma que lleva el diablo y evitar quedarnos atorados una vez más. Finalmente llegamos a mi vivienda, sanos y salvos.


Ahora les escribo justo aquí, desde mi habitación, sentada en mi cama con la laptop encima de mis piernas, mientras recibo el refrescante aire que emana de mi ventilador nuevo. Es claro que pudieron notar que mis acompañantes y yo verdaderamente sufrimos aquella tarde intensa de calor, pero créanme que ese recorrido valió la pena ahora que estoy gozando de los resultados.


Como recomendación les sugiero que, si no necesitan salir de casa, NO lo hagan, fuera de la contingencia, les aseguro que el intenso golpe de calor que van a recibir no va a ser en lo absoluto agradable para ustedes, los fastidiará hasta el punto de no querer saber nada de nadie. Neta que mi Juárez y su clima, son una cosa bárbara.

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