Dos fechas, dos resultados, dos caras


Así como fuimos capaces de rozar el cielo, también vivimos un infierno en carne viva

En estos días se recordaron dos sucesos que han marcado, uno para bien, y otro para mal, al fútbol mexicano. Los días 17 y 18 de junio han quedado grabados en la historia para jugadores, aficionados y gente que vivimos relatando esto.

Hace dos años, un 17 de junio, México consiguió uno de los resultados más importantes en su basta historia: derrotó al entonces campeón del mundo, Alemania, por marcador de 1-0 en la Copa del Mundo, celebrada en Rusia. 

Ese día, aquel Tri, dirigido por el colombiano Juan Carlos Osorio, mostró una versión pocas veces vista en un equipo mexicano: se mostró aguerrida; no bajó las manos ni agachó la cabeza ante un rival, en teoría, superior a ellos; le jugaron al tú por tú, y en ese enfrentamiento, los mexicanos lograron salir avante.

En un contraataque salieron tres jugadores mexicanos con el balón: Carlos Vela, Javier ‘Chicharito’ Hernández e Hirving ‘Chucky’ Lozano. Este último fue quien recibió la pelota, amagó a un jugador alemán, se perfiló con la derecha y disparó al arco de Manuel Neuer para el 1-0 a favor de México. Entre gritos de júbilo e incredulidad, incluido el ‘¡no mames!’ que algunos gritaron, se le estaba ganando a Alemania.

Los alemanes, por supuesto, hicieron todo lo posible por recuperar el control del juego, disparando a hartar la portería de Ochoa, pero no pudieron concretar ninguna. Al final, el juego acabó y la celebración en Luzhnikí y en todo México comenzó: se derrotó a Alemania en un juego en donde muchos pensábamos que nos pasarían por encima y nos escupirían su historia y logros en la cara. Pero ese día, lo imposible se hizo realidad. Como lo había descrito el comentarista de TV Azteca, Christian Martinoli, después del juego: 

No lo puedo creer, uta madre, no lo puedo creer. He sufrido. En el día del Padre, México le dio en la madre a Alemania”.

Más adelante, nos dimos cuenta de que esa no era la mejor versión de Alemania, ya que después ellos perdieron en su último juego contra Corea, pero la alegría por el triunfo no se borró de nuestras caras. Ese 17 de junio no se olvida. Y así como fuimos capaces de rozar el cielo, también vivimos un infierno en carne viva.

Un 18 de junio, pero de 2016, fuimos testigos también de una de las caídas más precipitosas de un equipo mexicano: la infame ‘Masacre de Santa Clara’, en donde Chile nos clavó siete goles.

En aquel juego, México se jugaba la posibilidad de avanzar a las semifinales de la Copa América Centenario y se enfrentaba al flamante campeón, Chile. Si bien sabíamos que este partido sería muy complicado, no se tenía ni la más mínima idea de lo que sucedería realmente.

Desde los primeros minutos, Chile asumió el control del partido, dominando la pelota a placer y manteniendo a raya a los mexicanos. El primer gol llegó a los quince minutos en un disparo de Marcelo Díaz que rebotó en las manos de Ochoa y que Edson Puch aprovechó para meterlo en la portería. El segundo llegó justo antes del medio tiempo en una jugada de Alexis Sánchez, quien encuentra libre a Eduardo Vargas para anotar. México se iba al descanso abajo en el marcador 0-2. Pero lo peor aún estaba por venir.

Chile continuó atacando, y ellos aprovecharon que México controlaba el balón cerca de su área para presionar y robar el esférico, para que Sánchez rematara después de un pase de Arturo Vidal para el 3-0 chileno. Tres minutos después, Vargas anotó el cuarto gol en una descolgada que agarró desprevenida a la defensa mexicana. Y cuatro minutos más tarde, Beausejour hizo un disparo que Ochoa despejó, solamente para que Vargas llegara nuevamente y anotara el quinto.

El sexto llegó al 73’ en un remate que ni Layún ni Moreno pudieron rechazar y que terminó metiéndola nuevamente Vargas, quien ya tenía cuatro goles en ese partido. Martinoli reclamaba la falta de ganas con la que estaba jugando ese equipo. 

Actitud, dignidad, amor propio, respeto a la camiseta. Si vas perdiendo 8 a 0, sigo jugando a buscar matarme por la camiseta mexicana”, sentenció el comentarista.

Y en los últimos minutos del juego, Puch hizo el séptimo gol y, con ello, puso el último clavo en el ataúd mexicano. Así finalizó una noche que muchos deseamos que se olvidara fácilmente.

México no recibía una goleada de esa magnitud en torneos oficiales desde la Copa América de 2004, cuando Brasil los goleó 4-0 en Piura, Perú.

Estas dos fechas están marcadas por dos cosas muy distintas: en una, tuvimos una de las victorias más sorpresivas e importantes para nosotros, y en otra, tuvimos una de las peores exhibiciones dentro de un terreno de juego. 

Lo más curioso de todo esto es que el mismo técnico, Juan Carlos Osorio, dirigió ambos partidos. Esto es, sin duda, una clara muestra de que, cuando se lo proponen, los jugadores pueden dar un partido inolvidable y sublime, pero también son capaces de mostrar una pobre versión de ellos mismos.

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