Cortar el odio con amor

El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana Federico García Lorca


I. Filo, elemento compositivo que viene del griego philos: amigo o philien: amar.


Sobre el escenario, una mesa y tres sillas de color blanco. A la derecha, dos piñatas inacabadas rodeadas de papel periódico; a la izquierda, una mesa con algunas copas y demás utilería. La luz que ilumina todo es azul mortecino y el resto del Teatro Experimental “Octavio Trías” del #CentroCulturalPasodelNorte, se encuentre levemente iluminado mientras los espectadores charlan entre sí y toman sus lugares. Entre ellos se encuentra el dramaturgo juarense y autor de la obra Edeberto “Pilo” Galindo que, minutos antes de ingresar a la sala, saluda a los asistentes en el lobby. Amable, me saluda con un apretón de manos y un sincero abrazo. Noto que trae consigo una Coca-Cola y recuerdo es su bebida favorita.

Edeberto "Pilo" Galindo / Foto: Liliana Torres /

-Que gusto verte… ¿sabes? escribí esta obra cuando la ciudad atravesaba épocas muy violentas- me dice Pilo minutos antes de comenzar la primera de dos funciones de #Filos, llevada a escena por la compañía #1939TeatroNorte, como parte de la cartelera de agosto de la #ReddeTeatros Chihuahua. -¿Ya la habías visto?- me dice Pilo y le respondo que únicamente he leído el texto, que se encuentra en el primer tomo de su Antología Teatral, editado en 2016 por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y que la Doctora Susana Báez Ayala, académica de esa institución, prologa.

“La dramaturgia de Pilo queda inscrita en la literatura del norte no solo como un acto de denuncia social, sino como un recurso de resiliencia cultural”, dice Báez y no puedo evitar pensar en el abominable suceso que golpeó a la comunidad fronteriza hace tres días.

Dentro del Octavio Trías y a las 7:07 PM, un aviso sonoro a todos los espectadores (apenas un minuto de la canción Sanitarios de la banda Caramelos de Cianuro) y luego la tercera llamada, dejando en penumbra la sala. Segundos después, Abraxas Trías aparece debajo de la mesa color blanco, enmarcado por una tira de luz blanca, enfatizando sus tensos movimientos. En una mano, una pistola; sobre el piso, una botella de cristal cortado que se utiliza para almacenar licor. Lennin es el personaje que interpreta Trías y se nota desesperado, angustiado. Se mueve, se lleva la pistola a la cabeza, bebe de la botella, repite desesperado una frase. De fondo se escucha Vaquero Galáctico de Porter y la tensión aumenta hasta que la corta de un tajo Christian Valenzuela cuando entra en escena, interpretando a Benito.

Con diálogos realistas, desfachatados, sin pelos en la lengua, Lennin sobaja a Benito y le reclama mientras que éste, visiblemente asustado, le pregunta qué hacía. #Filos entonces toma velocidad y se desarrolla en un único acto con estos dos personajes y dos más interpretados por Laura Galindo.

Somos testigos de una relación de amistad entre Lennin y Benito, una que lleva años y tiene mucha historia detrás. Ha sido la intervención de Benito una muy oportuna cuando su amigo se encontraba al filo del abismo, que luego racionaliza dicho estado de conciencia diciéndole “¡Era un simulacro de mi muerte! (…) ¡Quise situarme al filo de la muerte porque leí en un libro que cuando una persona está al límite se vuelve más lúcida!”.
Lennin y Benito en Filos / Foto: Erick Arenas /

Y así el desarrollo de esta puesta en escena, que deja ver las cualidades actorales tanto de Abraxas (imponente, avasallador, tenso) como de Christian (inquisitivo, nervioso, imprudente), tándem que en automático acomodo junto a Didi y Gogo del Godot beckettiano, del que seguramente Pilo Galindo bebió al escribir su obra.

La relación pueril entre estos dos, causa risa. Tanto por el desenfado en el libreto como en las características que cada uno de los personajes desarrolla conforme avanza la historia. Todos conocimos o conocemos una relación amistosa de este tipo, es posible que la hayamos vivido durante nuestra adolescencia o que aún siga vigente. Hablan de la muerte, de la vida, la risa y los problemas que ocasiona el diario vivir. El desempleo, las mujeres, la masturbación, el rechazo y la nula vida social de ambos.

Benito vive con su madre, se quiere casar y menciona a Irene, mujer a la que le pedirá matrimonio. Lennin se encuentra solo en su departamento, desempleado, elaborando piñatas como forma alternativa y temporal de supervivencia y hace escarnio de su amigo pues seguro Irene es un producto de su imaginación “puñetera”.

Laura Galindo interviene, primero, como La pecas, mujer con voz chillona que se encarga de cobrar la renta a Lennin y que lo lleva al filo de perder la paciencia…y la dignidad por falta de dinero.

Al filo del amor / Foto: Erick Arenas /

Irene entra a escena de la mano de Galindo y efectivamente es real, para sorpresa de Lennin, que se queda boquiabierto. En este momento, la obra comienza a tomar un rumbo bastante interesante en materia narrativa y de uso del tiempo escénico. Irene se convierte, poco a poco, en el objetivo amoroso de Lennin y la sorpresa es que Benito los anima a más. Aquí es notable el texto del dramaturgo juarense, que parece laberíntico pues uno se pregunta “¡Qué diablos sucede! ¿Qué no son amigos?”. Me remito a lo dicho por Báez en su prólogo cuando dice que las obras de Pilo son “fragmentos continuados del hilo de Ariadna” pues el laberinto se lo crea uno en la cabeza y el libreto del escritor es el hilo de plata que al final nos mostrará la salida ¡y vaya forma de hacerlo!


II. “¿Estaremos asimilando el amor?”


Los filos/bordes de esta obra de teatro son múltiples, llamativos y giran en torno al amor: entre Lennin y Benito con su (estruendosa) relación; entre Benito e Irene y su ¿futura relación?; entre Lennin e Irene y su naciente atracción; entre los tres cuando externan su amistad. Hay un momento donde Irene es quien da las respuestas acerca de dicho sentimiento, sus causas y efectos.

“¡El amor no se asimila! ¡No se digiere! ¡No se razona! ¡No se piensa! ¡Nomás brota así! ¡De pronto! ¡Como una magia…como un milagro!”, dice ella, segura y serena a Lennin cuando este la cuestiona casi infantilmente.

Sí, uno pensaría que se encuentra bajo un estado estupefacto de infatuación pues Irene es bella, elegante y no queda claro cómo encaja entre dos geeks que constantemente discuten. La razón, aquí no será desvelada por supuesto.

Irene y Lennin / Foto: Erick Arenas /

La parte final de la obra es alimentada por los recursos elípticos expuestos desde el comienzo de la misma, que se aclaran durante un breve diálogo entre Benito e Irene. #PiloGalindo le brinda la oportunidad al espectador de hacer una retrospectiva inteligente para responder a los cuestionamientos trazados en escena por los actores y la actriz. No quedará cabo suelto, todo se integrará magistralmente y con profundo sentido humano. Aquí, el “filo de la navaja” (como anuncia el texto) que corta toda desazón, odio, aspereza y resentimiento. El filo que lentamente corta enemistad, desconcierto, oscuridad. El único filo que nos salva y ha salvado en situaciones adversas de la vida. El filo más preciso, más esperanzador. El filo del amor.

Abraxas Trías hace una interpretación tan realista en este momento que le provoca a cualquiera un vuelvo al corazón. Christian Valenzuela reconfigura el nerviosismo de su personaje y lo transforma en decisiva fraternidad. Laura Galindo complementa el trinomio con elocuente paciencia y naturalidad.

Aquí es notorio la dirección colectiva entre estos tres, que resulta adecuada e incluso rinde homenaje al espíritu de la obra.

Noventa minutos de una obra que, en manos de 1939 Teatro Norte, se disfruta de principio a fin y nos permite entender, desde la visión de Edeberto Galindo, la posibilidad de vivir y experimentar el amor en condiciones inesperadas, incluso trágicas. Hay dos filos del amor, según el dramaturgo y su texto. A todos debería, siempre e indiscutiblemente, importarnos el que sana, alimenta y salva. Por ese vale la pena correr cualquier riesgo.

Filos / Foto: 1939 Teatro Norte /

III. “No. El amor no da miedo. ¡Da miedo la estupidez!”


Irene profiere esas palabras durante un momento de la obra y tiene toda la razón, hay que temerle a la estupidez, esa que provoca caos, muerte, desasosiego. La que mancha el espíritu y deja a su paso tristeza. La que nos pone en situaciones imposibles de explicar, sobre todo cuando va de la mano con la violencia. El pasado 3 de agosto en un concurrido centro comercial de la vecina ciudad de El Paso, varios inocentes fueron víctimas de la estupidez humana. Un eslabón más de una serie de sucesos que manchan, día con día, la vida de un país en donde el odio se apodera de un sector ciudadano y que es alentado por la estupidez de algunos cuantos. Coincidencia trágica fue la precisión de montar #Filos el día de ayer, días después de la tragedia vivida por la comunidad fronteriza. En estos momentos, la ciudad hermana se encuentra necesitada de apoyo y amor. La línea que divide a ambas comunidades ha dejado de existir y es nuestra humana obligación pronunciar palabras que evoquen la paz, que disminuyan considerablemente el estúpido lenguaje de la intolerancia.

Experimentar Filos y reflexionar su mensaje en este momento en el que la frontera vive momentos de dolor, es catártico, purificador y esperanzador. Valioso es que el autor sea un fronterizo hecho y derecho, que ha utilizado el medio teatral, “dramaturgia de alcance social, de lenguaje poético (…) de estructuras diversas, de vínculos con lo humano, lo histórico, lo político”, como lo apunta Mijares Verdín y lo subraya Báez Ayala.
Tomo I de la Antología Teatral / Foto: UACJ /

Este texto entonces concluye con un mensaje, hasta ahora inédito, que pronunció Pilo Galindo en noviembre de 2017, durante la grabación de una entrevista televisiva, realizada por el autor de este escrito, que luego fue transmitida por UACJ TV 44.3 en el programa Forma y Fondo. Es en voz de Pilo donde escuchamos el espíritu de Filos, que nos dice que hay que luchar, a toda costa, con la estupidez y dejar de temerle.

Edeberto “Pilo” Galindo durante la entrevista televisiva con Erick Arenas Góngora

para UACJ TV 44.3 / Noviembre 2017

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