Anna Karina: irremplazable, hoy eterna


Parce que tu me parles avec des mots et moi, je te regarde avec des sentiments

Marianne Renoir Pierrot le Fou 1965

Ha muerto Hanne Karen Blarke Bayer a los 79 años

​Un nombre más si se desconoce el artístico, el que amediados de los sesenta rugiera sobre la cresta de la ola cinematográfica francesa que rompió esquemas y generó un nuevo paradigma para los cineastas a posteriori. Hanne Karen, de origen danés, nació el 22 de septiembre de 1940. Anna Karina fue su persona artística y firmó como modelo, actriz, cantante, escritora, directora, reconocida alrededor del mundo.

Descubierta por Jean-Luc Godard cuando la vio en un comercial de jabones Palmolive, Anna Karina rechazó la propuesta que éste le hiciera de aparecer en la mítica A bout de souffle (1960) pues incluía una escena donde debía lucir sus pechos descubiertos. El papel entonces se lo llevó otro ícono femenino de aquella época: Jean Seberg. Sin embargo, el testarudo Jean-Luc no quitó el dedo del renglón y le ofreció otro papel igualmente importante, el de Veronica Dreyer en Le Petit Soldat (1963). Karina, que entonces no cumplía los 21 años, comenzaba su meteórica carrera de la mano de Godard, quien poco después se convertiría en su esposo. Juntos realizaron “siete filmes y medio” pues, en una entrevista que ella le otorgó a Yonka Talu de la revista Film Comment en 2016, no consideraba Anticipation (episodio de The Oldest Profession del ´67) como “un filme completo”.

​Esas otras cintas de la era Godard-Nouvelle Vague fueron Une femme est une femme (1961), Vivre sa vie (1962), Bande à part (1964), Pierrot le Fou (1965), Alphaville (1965) y Made in the U.S.A. (1966).

Su matrimonio con Godard terminó en 1966 pero su contribución al cine con uno de los padres de la Nueva Ola Francesa, continuó hasta antes de finalizar esa década. Para entonces su nombre ya resonaba en el medio gracias a trabajos hechos con Jacques Rivette, Agnés Varda, Luchino Visconti y Volker Schlöndorf.

Filmando Pierrot le Fou / Imagen de bbc.com.uk /

En la década de los setenta, se estrenó como directora con Vivre Ensemble (1972), que también escribió y protagonizó. En esa época trabajó con otro monstruo del cine, el alemán Rainer Werner Fassbinder. Fue hasta el 2008 cuando se volvió a sentar en la silla para dirigir Victoria. Aprovechó su tiempo entre trabajos cinematográficos para hacerse de una carrera musical, cosechando éxitos comerciales con el apoyo del crooner Serge Gainsbourg y, después, con Phillippe Katerine. En los ochenta escribió dos novelas: Golden City y On n'achète pas le soleil. Poco antes de la década del dos mil, publicó Jusqu'au bout du hasard.


La experiencia de un espectador

​Cuando se ve a Karina en pantalla, el amor se instala en elespectador. Mi primera experiencia “a su lado” llegó con Pierrot le Fou. Su interpretación de una joven niñera, que seduce a un hombre maduro (interpretado por Jean Paul Belmondo) y lo utiliza para vivir una aventura por la campiña francesa, me impactó. Pero este impacto no se generó por altas dosis dramáticas o hubris frente a la cámara sino por su natural carisma y fina manera de danzar con los diálogos. La primera vez que me “observó” al romper la “cuarta pared” (algo propio de las cintas de Godard-Nouvelle Vague), caí en cuenta que deseaba saber más de ella, de su trabajo y pulcritud como actriz.

Musa de Jean-Luc Godard / Imagen de laverdadnoticias.com /

Une femme est une femme fue toda una experiencia cinematográfica cuando la vi por vez primera: risas y más risas, canto, baile; diálogos inteligentes por demás improvisados y una reflexión femenina sobre las relaciones de pareja. Vivre sa vie, fue también impactante para mi alma cinéfila. Al interpretar a una joven prostituta llamada Nana, Ana Karina regaló al séptimo arte una joya irremplazable de naturalidad y catarsis. En Bande à part, me sedujo también su natural forma de personificar a Odile, una chica que busca convertirse en gangster. Y por supuesto, los tres minutos de baile en el Madison Café al lado de los actores Claude Brasseur y Sami Frey, con música de Michel Legrand. Una secuencia memorable que ha inspirado a directores, actores y actrices alrededor del mundo. Apenas unas cuantas pinceladas de varios óleos fílmicos que nos legó, sin contar la moda que perpetuó entre miles de mujeres de la época y que aún persiste si abrimos los ojos y observamos con atención.

​Godard no creo a Karina, no. Ella nunca estuvo bajo su sombra ni mucho menos. Hemos de reconocerle que descubrió su talento, que la puso frente a la cámara y le escribió diálogos. Pero el resto le pertenece a ella, a nadie más.

Tan así que, después de finalizada su relación conyugal-profesional, Karina trabajó incansablemente y demostró ser una profesional, una artista del cine, una magnífica actriz. Sin ella no hay Godard, no hay corazón en la Nouvelle Vague, no hay iconografía que hoyperdura. Anna Karina reconoció en Jean-Luc a su Pigmalión, pero también dijo alguna vez “yo le di confianza en sí mismo”. Ahora es eterna.

Secuencia de baile en Bande à part (1964), dirigida por Jean-Luc Godard 

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