4.0 Serendipia (literatura)

El primer aullido siempre será el más largo

Reseña del poema Howl de Allen Ginsberg

Dedicado a los anónimos malparados y a los mendigos que sufren y a los hipsters con cabeza de ángel de todas partes…


Allen Ginsberg


Aullido, voz común producida por esas hermosas creaturas de la naturaleza que son los lobos (Canis lupus) y que inmediatamente asociamos con la noche, la negrura, la soledad, el instinto animal. En 1955, un joven norteamericano de origen judío recitó/aulló por primera vez ante sus amigos un largo y extenso poema que dejó a todos boquiabiertos. Su nombre era Allen Ginsberg (Newark, 1926) y el poema era #Howl.

Allen Ginsberg / Foto: The Fiction Review /

Ginsberg fue amigo de otras figuras importantes que revolucionaron las letras desde la contracultura, el amor libre, la protesta y lo bohemia consabida de una generación nacida en la posguerra. Esos amigos fueron William Burroughs (St. Louis, 1914), Jack Kerouac (Lowell, 1922) y Neil Cassady (Salt Lake City, 1926), promotores de lo que fue llamada la beat generation (etiqueta impuesta por un periodista de aquel entonces) y que todos ellos produjeron obras que resultaron, a los ojos de las buenas conciencias, sucios y pornográficos panfletos literarios llenos de nonsense, morbosamente construidos para detentar las buenas costumbres norteamericanas. Era la mitad de la década de los cincuenta y los furiosos sesenta, esos diez años que despertaron al mundo entero, los esperaba con los brazos abiertos.

Leer por vez primera Howl deja a cualquiera en un estado de total confusión. ¿Qué dice o quiere decir Ginsberg? ¿Por qué causó tanta sensación? ¿Qué fue lo que atrapó a tantos?

Hay que recordar que la obra de un artista es el reflejo del momento por el cual atraviesa, una posible descripción de su entorno inmediato, una reflexión de la sociedad en la que está inmerso. Howl pudo ser eso y más: un grito o un susurro nocturno, una llamada de atención envuelto en olores alcohólicos, tabaco blando o marihuana quemada. Howl es una experiencia poética única para quien lo lea hoy y lo fue entonces para los que escucharon a Ginsberg recitarlo en directo, quizá un momento particular en el espacio y tiempo contemporáneos que seguramente miles quisiéramos experimentar como tal.

Las primeras líneas del poema, que está dividido en tres partes, anuncian en pretérito lo que el entonces joven poeta vivió y observó:

I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starvin hysterical naked.

Esas primeras líneas se quedan e instauran en nosotros de inmediato. ¿Somos ahora testigos de la destrucción de las mejores mentes de nuestra generación? Tal vez lo atestiguamos día con día pero somos tan cobardes que no lo escribimos, cantamos, pintamos, filmamos o actuamos en un escenario. El poema nos lleva, línea tras línea, a momentos (re) vividos por Ginsberg. Detalla de forma críptica y personal, aspectos de su espacio y tiempo, su lugar de origen, amigos cercanos, desconocidos con los que se acostó; espíritus errantes, autores que lo marcaron, demonios exteriores e interiores, experiencias alucinógenas; ciudades y países, pesadumbre, hambre, sed, alcohol, drogas, suicidio, muerte. Es también una descarnada protesta en contra del capitalismo y la ola de miseria que provocó (y todavía provoca) alrededor del mundo.

Generación Beat / Foto: Drugstore Magazine /

La primera parte del poema es un largo transitar por amplias referencias de lo vivido por el joven Ginsberg. Casi todas las líneas comienzan con un Who, un quien o quienes, para luego detallar extraordinarias proezas. Y utilizamos ese sustantivo porque insistiremos en que la primera lectura del texto le vuela la cabeza a cualquiera. En Howl no hay concesiones, formas o aspectos que admitan otra cosa que no sea morder un pedazo de carne cruda en un estado hambriento y desesperado. Nuestro país fue una referencia para esa generación de artistas y Allen no lo dejó pasar cuando escribió:

(…) who lounged hungry and lonesome through Houston seeking jazz or sex or soup, and followed the brilliant Spaniard to converse about America and Eternity, a hopeless task, and so took ship to Africa, who disappeared into the volcanoes of Mexico leaving behind nothing but the shadow of dungarees and the lava and ash of poetry scattered in fireplace Chicago. Tanto dato escrito de forma visceral remueve conciencias.

La segunda parte del poema es otro tipo de aullido: rencoroso, exclamativo, como quien apunta el dedo a las formas que nos han llevado a la más oscura intemperie social y que no es más que la personificación del hombre mismo: Moloch! Solitude! Filth! Ugliness! Ashcans and unobtainable dollars! Children screaming under the stairways! Boys sobbing in armies! Old men weeping in the parks! Moloch! Moloch! Nightmare of Moloch! Moloch the loveless! Mental Moloch! Moloch the heavy judger of men! Moloch fue un dios canaanita anunciado en textos hebreos y que Ginsberg (dado su origen judío) personificó en su poema como el gran devorador, el hacedor de destrucción, máquina impetuosa, monstruo que no se detiene: Moloch whose mind is pure machinery! Moloch whose blood is running money! Moloch whose fingers are ten armies! Moloch whose breast is a cannibal dynamo! Moloch whose ear is a smoking tomb! El paroxismo de esta parte del texto es evidente. Pero Ginsberg nunca le otorgó un origen sobrenatural o religioso pues Moloch somos nosotros, el hombre insaciable que devora a otros bajo un estado de crematomanía, de puro instinto destructivo, afanoso por tener todo y a todos, el control llevado al extremo. El poeta describe la capacidad destructiva del ser humano, lo que es capaz de realizar si se sale de control.

La tercera y última parte acompaña en letra y sentimiento a #CarlSolomon, escritor y poeta contemporáneo de Ginsberg con quien trabó amistad mientras los dos se encontraban internados en un hospital psiquiátrico. El poema en su totalidad está dedicado a Solomon, pero esta parte describe tanto las hazañas como las penas que el amigo del poeta beat vivió:

Carl Solomon! I’m with you in Rockland where you’re madder than I am. I’m with you in Rockland where you must feel very strange. I’m with you in Rockland where you imitate the shade of my mother, escribe Allen Ginsberg.

Toda esta sección del poema interviene como el testimonio de una amistad que se fraguó en los oscuros pasillos del Rockland State Hospital, donde Solomon fue tratado con electroshocks: I’m with you in Rockland where fifty more shocks will never return your soul to its body again from its pilgrimage to a cross in the void. “Estoy contigo en Rockland, estoy contigo en Rocklad”, dice una y otra vez.

Ginsberg / Foto: San Francisco Chronicle /

Infinidad de textos y análisis se han escrito acerca de Howl desde su aparición y casi inmediata publicación en 1956. En la Internet es posible encontrar el texto, así como distintas traducciones aunque nosotros recomendamos su lectura en el idioma original. La editorial Sexto Piso editó en 2011 una novela gráfica, esto es, el poema acompañado por ilustraciones del artista Eric Drooker (con traducción de Rodrigo Olavarría) luego de que se llevara al cine parte de la historia de Ginsberg en el momento más elevado de la revolución literaria. La película fue dirigida por Rob Epstein y Jeffrey Friedman en 2010 con la actuación de James Franco como el poeta.

Detrás del fenómeno que fue Howl hubo censura pues es bien sabido que la primera edición “tuvo que lidiar con la conservadora sensibilidad estadounidense que encontraba ofensivos los pasajes donde Ginsberg describía el uso de drogas o ciertas prácticas sexuales”, según Gerónimo Sarmiento de La Tempestad. Una línea del poema, la que dice who let themselves be fucked in the ass by saintly motorcyclists, and screamed with joy, fue suficiente para que el vendedor de libros Shig Murao y el editor Lawrence Ferlinghetti fueran arrestados y llevados a juicio por “obscenidad”. El juez que llevó el caso, Clayton W. Horn, falló en favor del autor, distribuidor y editor pues no encontró tal cosa en el poema, algo que sentó un precedente para la libertad de expresión en materia artística.

Howl es eso, un aullido en la noche más oscura, cerrada y terrible por la que atravesaba una gran cantidad de jóvenes que sufrían los embates del establishment norteamericano.

Fue estandarte de lucha para una generación que estaba harta de su entorno, que buscaba a través de la literatura, la música y otras expresiones artísticas, libertad de pensamiento y creencia. Que optaba por el amor libre antes que la guerra, que veía en el consumo de las drogas una manera de alcanzar otro estado de conciencia, más abierta y serena.

Qué más quisiéramos muchos tener un poco de la fuerza de Allen Ginsberg para decodificar el estado actual de nuestra sociedad, tan manchada por la violencia, la pesadumbre, la inmediatez que lleva a callejones sin salida, el consumismo exacerbado y ese espejismo que es el falso éxito, desmedido y veloz.

Qué más quisiéramos quemar con letras al hombre moderno, purificarlo y verlo renacer de sus cenizas para que pudiera observar lo que ha hecho de este mundo… o mejor dicho, lo que hemos hecho de este mundo. Allen Ginsberg fue una llama poética que se apagó en 1997, pero que nos legó a través de sus escritos un recordatorio de lo que ha sido la sociedad mal encauzada. Que tuvo el valor de abrirse camino durante una época en donde el homosexualismo era maldito, de hablar con el puño en alto contra las formas políticas más odiosas de su país y por ende, de otros alrededor del globo. Tenemos un hermoso aullido, impreso y eterno, que bien nos haría leerlo y releerlo una y otra vez, para confiar más en nuestro instinto animal y renegar de aquello en lo que nos hemos convertido.

¡SERENDIPIA!

El poema de Ginsberg es un cúmulo enorme de referencias, como ya lo hemos dicho. Referencias que resuenan hoy y han sido influencias palpables a través de las décadas posteriores en distintas formas artísticas. Las serendipias son incontables, queridos lectores, pero debemos mantener una economía de tantas pues con calma llegaremos a cada una, todo a su debido tiempo. Nos referiremos entonces a una obra musical concreta, el disco que lleva el nombre del poema: Howl de la banda originaria de San Francisco, Black Rebel Motorcycle Club. Esa ciudad de la costa oeste norteamericana fue cuna de la generación beat y estamos seguros que B.R.M.C (siglas del nombre de la banda en cuestión) sabía perfectamente que con su disco rendirían cierto homenaje a ese grupo incendiario que evidentemente los influenció. Hasta entonces, queridos lectores.


Ficha técnica Howl. Allen Ginsberg, ilustrado por Eric Drooker. Traducción: Rodrigo Olavarría. 2011. Editorial: Sexto Piso. España

Danos tu opinión