La literatura cuesta, pero recompensa

Deberíamos ser personas acostumbradas a leer. Atrevernos a abrir un libro y adentrarnos a una aventura acompañados de papel y tinta. Podríamos convertirnos en amantes de la lectura, amigos de estos instrumentos que contienen el secreto de vida, una magia oculta o un romance prohibido. La televisión y el teléfono son los aparatos que viajan en nuestra pequeña órbita de entretenimiento, los hemos convertido en nuestra fuente de relajación para descansar después de un día laborioso. Al compararlos, pensamos que la lectura es aburrida, pesada y tediosa. ¿Por qué sentimos que los libros son tarea?

Desde nuestra educación básica, la lectura fue un martillo que golpeaba constantemente nuestra caja del conocimiento. Por supuesto que no era para más, la información que provenía de ahí fortalecía lo que no sabíamos sobre el mundo y nos encaminaba a escalar las ramas por las que se divide: la ciencia, el arte, la historia, la geografía y más. Pero, mientras nuestro nivel académico avanzaba, era más difícil comprender las lecturas que nos encargaban y era más denso el material que debíamos aprender. Ya no leíamos cuentos ni fábulas, sino tesis y artículos científicos.

Están quienes disfrutan la compañía de los libros desde que eran infantes, pero hay algunos que todavía encuentran difícil imaginar que ese rectángulo lleno de páginas tenga usos que sirvan para el entretenimiento.

Ciudad Juárez ha propuesto, en varias ocasiones, el hábito de la lectura a sus ciudadanos. Gracias a El Diario de Juárez sabemos que el grupo Petauro Lector ha iniciado un préstamo de libros a ciudadanos que soliciten un título de cualquier obra. Una familia, que pronto se convertiría en la responsable de la asociación, inició en 2013 esta dinámica y esparcieron la idea con sus vecinos para alcanzar popularidad. Hasta ahora, ha conseguido tener la atención de varios lectores “de clóset”.

Mis ediciones de Poe / Foto: Natalie Montoya /


Por otro lado, también está la anual Feria del Libro (que iniciará este año del 24 de mayo al 3 de junio en Plaza Las Américas), aquí las editoriales y librerías locales, nacionales e internacionales aprovechan para presentar títulos nuevos o que son demandados por el público lector. El año pasado, con la Feria del Libro de la Frontera, la dinámica fortaleció el evento, pues presentaba precios accesibles y cupones para la compra de las obras. Sin embargo, por más que esta forme parte del plan para incrementar índices de lectura, hay un problema que persiste, e interviene en la obtención de estos, y son los precios.

Un libro cuesta alrededor de 200 y 400 pesos, si se quiere en buen estado. No obstante, hay editoriales para los libros de literatura, Tomo y Porrúa, que manejan mejor los precios y los dan en compilaciones de autores como Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Víctor Hugo, entre otros. Pero, si nos acercamos a los libros “dirigidos” al público juvenil o infantil, quienes todavía pueden salvarse de las lecturas con carga y términos sumamente científicos, notaremos que el valor de estos radica en ser más alto que los de literatura clásica. Claro que el precio de un libro no debería ser un impedimento para el incremento de la lectura, pues un celular, una tablet o una laptop cuestan mucho más. Aun así, me parece que consideramos que los usos de estos aparatos son más beneficiosos que los de un simple libro.

Algunas ediciones mías de la editorial Tomo / Foto: Natalie Montoya /


Si bien la cantidad de lectores puede variar, ya que depende del material que lea la persona, la literatura juvenil despega mucho. ¿Por qué? Desde el fenómeno de Harry Potter, los libros sobre fantasía, distopía y aventuras salieron como pan caliente. Esto lo sé porque fue en una época donde yo comenzaba mi formación lectora pude observar la expansión de este suceso en primera fila y tener en mis manos algunos títulos relacionados.

Una pequeña comunidad lectora comenzaba a surgir y le daba la bienvenida a los libros, pero otra se hizo notar y comenzó un debate. ¿Importa mucho el contenido de un libro para clasificarlo como una “buena lectura”? Algunos dirán que sí, que los productos de Stephanie Meyer, autora de Crepúsculo, o John Green, autor de Bajo la misma estrella, no dejan la misma marca o no enseñan lo mismo que los libros clásicos. Otros dirán que no, pues cada quien puede leer lo que le plazca y no sentirse mal por ello.

Cuando alguien decide aventurarse en la literatura, debe comprender algo importante: lo que lee te definirá completamente. Dirá lo que te gusta, lo que hace sentirte más cómodo o encuentres más divertido. Se convierte en lo que a ti te hace feliz, lo que sientas que te hace bien saber y leer. Claro que nuestra tarea como lector es crecer y fortalecer nuestros gustos, no quedarnos estancados en un solo género. ¿Seré yo alguien para decir qué es “buena literatura”? probablemente no. Pero, me atrevo a realizar algo que algunos no tienen el valor o el gusto: abrir un libro y sumergirme entre sus páginas. Soy una persona que puede hablar por quienes aman la lectura y sienten que debe ser mejor representada y apreciada.

Fragmento de “Harry Potter y las reliquias de la muerte” de J.K. Rowling / Foto: Natalie Montoya /


La falta de lectura en nuestra ciudad no es solo una carga que se la aventamos a quien esté más cerca de nosotros. Se trata de un problema que puede venir desde nuestros hogares y la familia que tenemos. Quizás de las costumbres que practicamos o hasta nuestros gustos, porque está bien que no te guste leer o no pienses hacerlo. La lectura no es para todos, pero ¿qué problema hay si la pruebas?

Ciudad Juárez intenta ser un lugar cómodo para la lectura y quiere ser una localidad donde esta actividad sea bienvenida. El sector propone, además de la Feria del Libro y el préstamo de estos, talleres de lectura para bebés, la Fiesta de los Libros de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (del 1 al 7 de abril en el Centro Cultural de las Fronteras) y otras actividades que parecen funcionar o llamar la atención de los ciudadanos. Lo mínimo que podríamos hacer es mostrar el apoyo y proponernos entrar en una burbuja lectora.

Atrevernos a cosas nuevas siempre es un desafío, pues a veces no estamos seguros de que será algo que nos guste o nos haga sentir cómodos. Pero intentarlo no nos cuesta nada, es más, la recompensa será magnifica. Me gusta pensar que la lectura abre caminos y que te lleva a destinos que todavía no descubres, pero que pueden maravillarte. Así que, decide por algo: un libro, una revista, un cómic o hasta un periódico; lo que quieras, pero lee.

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