Cuando la luz llegó a Chihuahua

A la luz de lo acontecido hace apenas un par de semanas en la siempre glamourosa (y cada vez más aburrida) entrega de los premios Óscar, que celebró su nonagésima primera edición y encumbró a un equipo de artistas y técnicos mexicanos liderados por el dos veces ganador de la estatuilla dorada Alfonso Cuarón, quisiéramos resaltar algunos aspectos históricos sobre el cine: sus orígenes, pioneros y lo más importante, su llegada a nuestro país y a nuestro estado, Chihuahua. Este mes de marzo se conmemoran 124 años del nacimiento, propiamente dicho, del aparato conocido como cinematógrafo, medio que ha iluminado alrededor del mundo incontables pantallas en la oscuridad. El desarrollo tecnológico fue el resultado del trabajo de los hermanos Auguste y Louis Lumière, entonces unos jóvenes con verdadera vocación científica que presentaron su invento en la feria del Fomento de la Industria Nacional en Paris el mes de marzo de 1895.

Hermanos Lumière / Foto: National Geographic /

El 28 de diciembre del mismo año, un grupo de curiosos asistieron a la primera proyección de una vista cinematográfica en el Salón Indio del Gran Café de la “ciudad luz”. Ese día, algo enorme se gestaba en ese pequeño salón que exhibió el material titulado Salida de los obreros de la fábrica Lumière, autoría de Auguste y Louis.

El desarrollo de la industria cinematográfica llevó más tiempo, pero su invento comenzó a ser tan exitoso que los Lumière, sin una visión propiamente de mercado sino de divulgadores de la ciencia, enviaron agentes a varias partes del mundo con uno de sus aparatos a cuestas. A nuestro país llegó por cortesía de Gabriel Veyre, enviado de los hermanos a la región de América Latina. Apenas 17 meses después de la presentación del invento ante la comunidad científica parisina y 8 meses de la primera exhibición pública de la primera “película”, un miércoles 5 de agosto de 1896 el periódico El Nacional en la Ciudad de México, anunciaba la primera exhibición oficial en nuestro país. El 14 de ese mismo mes, en el entresuelo de la droguería Plateros de la calle Plateros Número 9, se mostró por vez primera una vista cinematográfica en suelo mexicano.

En el extenso libro titulado “Los orígenes del cine en México 1896 – 1900”, del autor Aurelio de los Reyes, uno de los más acertados en cuanto a datos y personajes involucrados en el desarrollo del cine en nuestro país, se menciona al Ingeniero Salvador Toscano como uno de los que continuó con las exhibiciones en suelo mexicano luego de que los agentes Lumière abandonaran el país. Pero al mismo tiempo, los agentes del norteamericano Thomas Alva Edison, inventor del kinetoscopio y férrea competencia de los franceses, hacían lo propio en estas tierras. De los Reyes menciona en su texto que a Chihuahua llegó el invento yankee en marzo de 1899 bajo el nombre de animatoscopio, según datos hemerográficos que recabó del diario El Imparcial.

Aurelio de los Reyes / Foto: Revista Imágenes del IIE - UNAM /

Para infortunio del equipo de Edison, el pueblo mexicano ligaba todos los aparatos al nombre de los Lumière, y se generalizo y popularizó el término cinematógrafo con el paso del tiempo. Pues bien, si nos damos la licencia de obviar el hecho de que fue el invento de Edison el que pisó suelo chihuahuense y a nivel mundial se celebran 124 años del nacimiento del aparato de los Lumière, que ganaron la carrera al inventor estadunidense, entonces este mismo mes de marzo se cumplirán 120 años de la primera exhibición cinematográfica en nuestro estado.

Desafortunadamente no se tienen más datos acerca del lugar exacto donde se llevó a cabo la primera función en la capital norteña. Esa nota que Aurelio de los Reyes encontró en El Imparcial es la primera en su tipo y el más acertado indicio sobre la llegada del haz de luz a nuestra región. Mientras no se encuentre otro dato que arroje más información, nos queda entonces imaginar cómo fue esa primera función, cuál la vista cinematográfica presentada en cuestión y la reacción de los chihuahuenses y nativos al ver las imágenes tomar vida en la pantalla, que bien pudo ser una pared o una tela de color blanco, así como el revuelo que causó cuando, de boca en boca, se hizo famoso un pequeño aparato mágico que insuflaba vida de la nada.

Y a la luz del paso del tiempo, bien nos haría reconocer el trabajo de cineastas originarios de estas tierras, que con su esfuerzo, dedicación y gran talento trabajan incansablemente incluso sin apoyo de las autoridades de los tres niveles de gobierno; desarrollan sus historias a pesar de cierto desprecio de otros sectores artísticos y culturales; se dedican a trabajar, mejorar y elevar su arte en materia cinematográfica con todo y el olvido y menosprecio de la gran mayoría de los medios de comunicación que ven en el cine un mero espectáculo comercial antes que una forma de expresión artística. Todo para que nos maravillemos con sus historias y sintamos orgullo de saber que contamos con una fábrica de luz, sombra y sueños, retomando lo dicho por Ilya Ehrenbourg, a más de cien años después que un par de franceses presentaran un pequeño aparato llamado cinematógrafo.

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