Ni las largas filas nos impidieron conocerte, Elena Poniatowska

Hace tiempo, habíamos escrito una semblanza sobre Elena Poniatowska Amor y, meses después, el jueves 7 de marzo de 2019, acudimos a un evento dedicado a la escritora mexicana con descendencia francesa, “El homenaje a la vida y obra de Elena Poniatowska” que se llevó a cabo en el Gimnasio del Instituto Tecnológico de Ciudad Juárez (ITCJ) a las 10 de la mañana.

Elena Poniatowska en la frontera / Foto: Ana Paula Kiyama


Nosotras llegamos a las 8:58 al plantel, con la idea de que así alcanzaríamos un buen lugar, pero, nos encontramos que la línea, para el público general, era muy larga. Decidimos entrar como público y no como medio, para experimentar un punto de vista diferente, pues la mayoría de los asistentes, que se encontraban en la fila, eran estudiantes de la Casa de las Liebres.

Mientras esperábamos entrar al gimnasio, pudimos escuchar que algunos de los presentes no sabían quién era Elena Poniatowska, ni su aportación al mundo literario. Decían que su asistencia se debía a que tenían justificación de ausentarse a sus clases si atendían al evento; incluso, uno de ellos, no sabía ni qué tipo de acontecimiento era.

Elena Poniatowska en la frontera / Foto: Ana Paula Kiyama

Una vez adentro, a las 9:49 de la mañana, notamos que en el lugar estaban reunidos alumnos, medios de comunicación e invitados especiales. Entre ellos se encontraban el Alcalde Municipal, Armando Cabada; el Gobernador del Estado de Chihuahua, Javier Corral; el Director del ITCJ, Hermenegildo Lagarda Leyva, entre otros. Varios minutos después, una ola de aplausos irrumpió el ruido que hacían los estudiantes y se dio inicio al evento con la proyección de dos videos: uno hablaba de la vida de la autora y el otro de su trayectoria profesional. Notamos que el público comenzaba a distraerse con esta dinámica, ya que la duración de los audiovisuales duró aproximadamente unos 15 minutos.

Seguido de eso, la escritora y gran amiga de Poniatowska, Irma Arana, dedicó un canto a la Tierra y terminó diciendo “para mí todos somos iguales y todos valemos lo mismo”. También se ofrecieron unas palabras en nombre de la comunidad estudiantil, por parte del alumno Kevin Ferreira. Posteriormente, Lagarda participó con un discurso en el que habló sobre el amor al arte y su cercanía a la homenajeada.

Elena Poniatowska en la frontera / Foto: Ana Paula Kiyama

A las 11:12, Elena Poniatowska se acercó al proscenio y se dirigió con calidez hacia el público. Habló sobre Ciudad Juárez recordando a su esposo, quien tenía una fascinación con los estados del norte. Con gracia, platicó de sus encuentros con Lagarda y Corral, e hizo reír a la audiencia cuando los llamó sus novios. También dedicó unas palabras sobre los casos de los periodistas Miroslava Breach y Javier Valdez, corresponsales de La Jornada y compañeros de Poniatowska. Durante su discurso, la autora causó sensaciones encontradas, pues hacía reír a los espectadores, pero también reflexionar sobre la situación de nuestra ciudad; fue cómica e inspiradora con nosotros. Tras finalizar la sesión de preguntas, la mayoría dadas por adultos que formaban parte de los invitados especiales, Cabada y Corral dieron sus discursos para despedir a la periodista literaria y agradecerle su presencia. No obstante, notamos que la reacción del público no presentaba la misma energía que se presenció cuando Poniatowska estaba en el escenario y ya se encontraba impaciente por retirarse del gimnasio, aun cuando los organizadores les pedían que se mantuvieran en sus asientos. Nosotras decidimos quedarnos y esperar pacientemente el cierre de la ceremonia.

Elena Poniatowska en la frontera / Foto: Ana Paula Kiyama


Cuando se terminó de firmar el convenio y se le entregó un detalle por parte de la universidad, las autoridades presentes comenzaron a salir y se le pidió al público que evacuara el lugar de manera ordenada. Sin embargo, sabíamos que una oportunidad así no se podía desperdiciar y, por ello, nos quedamos un rato más, con la esperanza de aproximarnos a Poniatowska.

Elena Poniatowska en la frontera / Foto: Ana Paula Kiyama


Al acercarnos, nos dimos cuenta de que se estaba haciendo una fila al costado del escenario y nos animamos a formarnos. Esperamos por casi una hora, pero valió la pena. La experiencia fue diferente para ambas, pues cada una tuvo una conversación distinta con la princesa roja. Conocerla ha sido una de las cosas que jamás olvidaremos, ya que, con solo una sonrisa, nos contagió su carisma. Por ello, y a pesar de los problemas de desorganización, recordaremos este día con mucho cariño.

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