Dios escoge a las que somos más fuertes

El cáncer de mama no puede prevenirse, la detección oportuna es la única opción para poder descubrir a tiempo esta enfermedad, lo que significa que para disminuir las muertes por esta causa las mujeres deben ser diagnosticadas en etapas tempranas, advierte la UNEME DEDICAM (Unidad de Especialidades Médicas Dedicada a la Detección y Diagnostico del Cáncer de Mama),

Irene Deita Flores, doctora jubilada del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fue diagnosticada con cáncer de mama a los 52 años. Ya pasaron ocho años desde que Irene pasó por el tratamiento y gracias a la autoexploración hoy es una de las miles de sobrevivientes de esta silenciosa enfermedad. A pesar de que a nivel mundial cada año se detectan 1.38 millones de casos y hay 458 mil decesos por esta causa y que es el tipo de cáncer de más incidencia entre las mujeres, según la OMS, México tiene una estrategia de detección, la cual se centra en realizar la autoexploración y la exploración clínica a mujeres a partir de los 20 y 25 años de edad respectivamente y la mastografía de tamizaje en mujeres de 40 a 69 años de edad.

''Yo me lo encontré. Realmente mucha gente dice que no hay dolor, pero si me pongo a reflexionar yo sí lo tuve, pero no le quise dar importancia y ese es el problema de muchas mujeres: no hacemos caso a los síntomas'' advierte Irene.

En México se diagnostican alrededor de 20 mil casos nuevos de cáncer de mama cada año y mueren alrededor de cinco mil 600 mujeres en el mismo periodo. Esas son cifras que duelen socialmente, porque el 90 por ciento de los casos son detectables en etapas muy tempranas, incluso antes de que sea visible externamente y, por tanto, la esperanza de vida para ellas se fortalece con ese diagnóstico oportuno, pero no quieren.

La doctora relata que ella misma encontró el tumor mientras se bañaba, tenía la mano enjabonada cuando sintió algo extraño por el seno derecho, aunque en ese momento no le dio importancia. Decidió agendar una cita con un oncólogo para estar más tranquila.


''Tenía una tumoración como de dos centímetros y medio, esto hizo que me preocupara, sobre todo porque mi mamá tuvo un tumor benigno, aunque no padeció cáncer'’.


El cáncer de mama puede ser hereditario si existen parientes de primer grado (madre, hermanas o hijos) quienes hayan sido diagnosticados con cáncer de mama, en especial antes de los 50 años. También, si se cuenta con muchos parientes (tíos, abuelos, sobrinos o nietos) cercanos que hayan tenido cáncer de mama o con un pariente que haya tenido cáncer en ambas mamas, según la American Society of Clinical Oncology (ASCO).

Fueron pocos los días que pasaron para que Irene fuera a hacerse una mamografía, ella estaba tranquila y confiada en que todo saldría bien. Cuando llegó con el radiólogo este le pidió que se quedara porque necesitaba hacerle un sonograma. Ella confiesa que fue muy incómodo el trato que le dio el doctor:


''No hablaba, el momento fue tenso, yo trataba de animarme diciendo que mi madre había tenido un problema igual y ahora estaba bien, que lo más probable era que fuera un fibradenoma, que son tumores benignos (no cancerosos), pero él no decía nada. Cuando me entregó el resultado lo abrí y vi el diagnóstico: BI-RADS 4: Anormalidad sospechosa’’.


Nadie en la familia de Irene sabía, ella trataba de actuar normal con sus hijos y su esposo, sobre todo porque el día que se enteró que probablemente tenía cáncer era día del padre.


‘’Lo que hice fue llegar a la casa, saqué el directorio, busqué un oncólogo: y llamé al primero que encontré, había sido subdirector de la clínica 35. Cuando llegué a la cita no me gustó como me revisó, ni la manera en que me atendió’’.

La directora general del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, Patricia Uribe, afirma que en México hay 578 mastógrafos; cantidad suficiente para responder a la demanda. Sin embargo, reconoció que hay deficiencia de especialistas en esta materia.

Después de recibir la noticia de su enfermedad y del mal trato de su oncólogo, Irene se deprimió y comenzó con pensamientos negativos, la muerte era uno de sus planes a corto plazo. Se negaba a la idea de tener que dejar a sus hijos solos y todo el cargo de la casa a su esposo. En uno de esos días malos, Irene se encontró con una vieja amiga y doctora, Ana Zubia, a la cual le comentó su situación. Esta de inmediato la puso en contacto con un oncólogo de confianza. La paciente confiesa que el trato y el profesionalismo fue totalmente distinto en esta ocasión:

‘’La exploración fue diferente, completamente diferente al otro médico, me estuvo explicando, vio que estaba yo muy espantada y de inmediato me dijo que era normal, que no me angustiara’’.


Aunque de los más de 60 millones de mujeres que hay en México, sólo 5 millones cuentan con algún tipo de seguro médico para atender un accidente o enfermedad, de acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), existen asociaciones o programas por parte del gobierno que ofrecen servicios gratuitos de salud. En el caso de las víctimas de cáncer de mama que no cuentan con seguro, está la Unidad de Especialidades Médicas Dedicada a la Detección y Diagnostico del Cáncer de Mama (UNEME DEDICAM). Esta institución atiende mujeres de 25 a 69 años de edad. Las unidades deben contar con 2 salas de mastografía para detección, una sala de mastografía con estereotaxia para diagnóstico, un consultorio con ultrasonido, sala de espera con asientos separados entre el área de detección y el área de diagnóstico, centro de lectura, centro de invitación, área administrativa, archivo, almacén, área de trabajo social, descanso del personal, sanitarios para personal y sanitarios para pacientes. Este tipo de unidades son el modelo que impulsa la SSA como respuesta a los desafíos de contar con infraestructura y personal dedicados para la detección del cáncer de mama.

Después de varias revisiones y exámenes, el oncólogo pudo afirmar que Irene tenía cáncer, y que debía volver a hospitalizarla para quitarle toda la mama. Estuvo un mes aproximadamente en recuperación, y en cuanto la herida sanó, la programaron para empezar la quimioterapia. Esta etapa es un tratamiento con medicamentos contra el cáncer que se pueden administrar por vía intravenosa o por vía oral. Los medicamentos pasan a través del torrente sanguíneo para llegar a las células cancerosas en la mayoría de las partes del cuerpo. Irene comenta, muy triste, que estar en un tratamiento tan fuerte es muy difícil, hay mucho desgaste físico y emocional de por medio. Para ella el primer mes fue el más difícil, sobre todo porque asistía sola a las quimioterapias. Normalmente, todas iban acompañadas de algún familiar, pero a ella no la acompañaba nadie.

"Estaba muy cansada, sumamente cansada, todo me dolía, hasta levantar la sabana para cubrirme: terminaba llorando de depresión porque no tenía fuerzas para nada, pero mis hijos estaban ahí conmigo".


Los medicamentos de quimioterapia pueden causar efectos secundarios que dependen del tipo y de la dosis suministrada, así como la duración del tratamiento. Algunos de los posibles efectos secundarios más comunes son: caída de pelo, cambios en las uñas, úlceras en la boca, pérdida de apetito o cambios en el peso, náuseas, vómitos y diarrea.

Para muchas mujeres superar las secuelas de la quimioterapia puede ser lo más complicado. Perder el cabello o un seno son cambios que no son fáciles de aceptar, ya que para ellas es perder parte de su esencia, aquello que las hace mujeres. El espejo fue uno de los enemigos de Irene durante muchos años.

"A mí me gustaba usar vestidos con un poco de escote, el tipo de sostén que usaba era el adecuado y ahora ya no puedo porque ahí se ve mi cicatriz. Compré mi prótesis, pero molesta porque es de un material que te hace sudar mucho. Ahora uso un sostén normal y me pongo un calcetín" dice Irene entre risas.


Algo que estigmatiza a las mujeres que sufren cáncer es la pérdida de cabello, debido al tratamiento de quimioterapias. Se va cayendo poco a poco: es un proceso duro, afirman las víctimas que sufren esta enfermedad.


"Recuerdo que lloré cuando se cayó el cabello, era como una reafirmación de que estaba enferma y tenía cáncer, eso es lo que me dolió porque me sentía estigmatizada, el hecho de ir a mi segunda quimio con la cabeza cubierta como todas las mujeres me partía el corazón" confesó Irene con la voz entrecortada.

La esposa y madre de dos hijos, cuenta que después de ver el avance de su tratamiento, los estragos que dejó la quimioterapia se hacen a un lado. Ella se enfocó en seguir adelante y disfrutar de la vida con su familia.

Existe un tabú muy grande sobre el cáncer de mama; la mayoría de las personas asocian esta enfermedad con la muerte, pero la verdad es que si se logra detectar a tiempo las probabilidades de llevar una vida larga son muy altas. Por eso, el testimonio de Irene es un ejemplo. Ocho años después de superar el cáncer y con 60 de edad, la doctora afirma ser una persona feliz y realizada. A pesar de que aún siente miedo, ahora valora cada día.

Me tocó la lotería, al menos así lo veo yo, no quiero decir que perdí. Me tocó ganar y sigo ahí luchando. Hay días que me doblego, pero está bien: es parte del proceso. Si conoces a alguna mujer que tenga esto, dile que luche y que no lo vea todo negro, sino todo lo contrario, que siempre va a haber un rayo de luz, un resquicio de luz donde podamos pasar y ver todo claro. Hay muchas cosas que una ignora y que nos pueden ayudar. No hay que ver ese sinónimo de cáncer es igual a muerte" afirma una mujer que actualmente lucha contra el cáncer de mama.

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