Pan de muerto importado


Mi reseña, por más simple que parezca ahora que ha sido publicada, comenzó con una especie de embotamiento acerca de la vida, la muerte, el recuerdo, el olvido y cierto grado de nacionalismo en torno al cine. No fue fácil discernir acerca de Coco (2017), la película de la que nadie deja de hablar, pues a la gran mayoría tocó, de una u otra forma, las fibras más sensibles que los hacen sentir mexicanos. Pero ¿qué tiene la más nueva película de Pixar que no tienen aquellas que hablan acerca del Día de Muertos? Considérese el caso de The Book of Life (2014) dirigida por Jorge R. Gutiérrez y producida por Guillermo del Toro; o la mexicana La leyenda de la Nahuala (2007) de Ricardo Arnaiz. Es de la opinión de este lector cinematográfico (y de seguramente muchísimos más) que la obra dirigida por Lee Unkrich trata de respetar todos esos iconos alrededor de la celebración del 2 de noviembre, intenta retratar de manera casi exacta la idiosincrasia del mexicano promedio y ese complejo desenvolvimiento cultural que se da dentro de las familias del sur del país, y lo logra.

Parafraseando al respetable historiador Pablo Escalante Gonzalbo, dentro de nuestro país existen muchos países más, una infinidad de “Méxicos”. No es lo mismo la vida en el norte en comparación con la que se vive en el centro y el sur; por tanto, puede resultar un poco extraño para los oriundos de las regiones norteñas identificarse con el pequeño Miguel, protagonista de esta animada historia; y con la familia Rivera, que debido a un suceso familiar en el que se ve involucrada su tatarabuela, ésta decide desconectar a su descendencia de todo tipo de música para centrarse en la elaboración artesanal de zapatos. Esa la disyuntiva pues Miguel quiere ser músico, no quiere continuar con la tradición familiar. Un elemento importante es que los guionistas, Adrián Molina y Matthew Aldrich, decidieron arrancar el patriarcado de la historia para dar paso a un sistema matriarcal, con chancla y regaños incluidos, olvidándose también de los horrendos estereotipos generados alrededor de todos nosotros. Miguel entonces, acompañado de un feísimo canino de la raza xoloitzcuintle de nombre Dante, buscará por todos los medios ser músico, no sin antes visitar el inframundo gracias a una guitarra aperlada, dotada de poderes místicos y que será el objeto que lo conecte con sus antepasados, pero que él cree perteneció al famosísimo cantante Ernesto de la Cruz, una especie de Pedro Infante-Jorge Negrete-José Alfredo Jiménez, el único cliché reproducido desde la época del Cine de Oro y la comedia ranchera inaugurada por Fernando de Fuentes y otros famosos nombres de la cinematografía nacional. Ya en el inframundo, Miguel se encontrará con sus familiares ya fallecidos, incluyendo a la matriarca de la familia Rivera, la severísima Mamá Imelda. También se encontrará con Héctor, una desaliñada calavera que busca regresar al mundo de los vivos, y que corre el riesgo de ser olvidado pues nadie le ha preparado un altar en su memoria. Más adelante lidiaremos con una sorpresa narrativa, un giro de tuerca; canciones en tono de regional mexicana y un sinfín de referencias a todo aquello que nos hace ser oriundos de la tierra donde el águila devora a la serpiente.

La animación, esplendorosa y magníficamente compuesta, no deja de sorprender. Texturas, matices, colores, profundidad de campo, movimientos de cámara, todo lo hacen una maravilla en la pantalla. Las referencias arquitectónicas abundan, lo mismo que famosos compatriotas que con sus obras, musicales y pictóricas principalmente, son reconocidos fuera de nuestro país. El inframundo es una combinación de maravillas naturales, sitios históricos, espacios geográficos y arquitectura nacional. La isla de Janitzio y Pátzcuaro hacen del imaginado Mictlán de Pixar, el principal asentamiento de los muertos; el Palacio de Bellas Artes, el Palacio de Chapultepec y las ruinas de Teotihuacán son otros lugares claramente visibles durante el desenvolvimiento de la historia; hasta cenotes mayas forman parte del agasajo visual. El papel picado, la flor de cempasúchil, camposantos iluminados, altares de muertos, incienso, comida y los multicromáticos alebrijes, terminan por engalanar los aspectos visuales de la película.

Si bien la historia no es tan compleja como otras realizadas por la casa de Buzz Lightyear y Woody [recuérdese los temas existencialistas en The Incredibles (2004) y Ratatouille (2007)], podemos encontrar varios mensajes dirigidos por Unkrich y su equipo al público mexicano, independientemente de la zona de la que seamos originarios. Primero, una pequeña llamada de atención acerca de cómo unos extranjeros tuvieron la capacidad de captar y llevar a la pantalla todo aquello a lo que, en mayor o menor medida, hemos sido expuestos a lo largo de nuestras vidas; y es convivir con nuestra cultura, con nuestra estela infinita de colores y sabores que el sincretismo generado por la combinación de cultura europea y americana nos legaron. Segundo, recordarnos que la familia siempre es primero (leitmotiv principal de la película). Tercero, que olvidar nuestras centenarias tradiciones es olvidar a nuestros muertos y, por ende, a nosotros mismos. Lo difícil de hablar de una película extranjera muy mexicana es darnos cuenta de lo desconectados que podemos estar con nuestras raíces. Sí, nos hace reír y llorar, nos regala una buena dosis de entretenimiento, nos emociona escuchar a famosos actores, actrices y cantantes de la televisión y el cine mexicano (incluyendo a una respetable escritora) dar vida a los personajes generados por computadora; pero también siembra un mensaje un tanto contundente, y es que nunca debemos olvidar que la muerte es parte de nuestra vida, que es posible convivir con ella y que es sano saber que la traemos a nuestro lado en todo momento. Curiosamente, la muerte en épocas recientes de la vida del mexicano promedio es pan (de muerto) de cada día, y Coco actúa de manera un tanto catártica para olvidarnos de la problemática que nos acecha día con día.



Ficha técnica

Coco. Dirigida por Lee Unkrich. Guion de Adrián Molina y Matthew Aldrich. Basada en una historia de Lee Unkrich, Adrián Molina, Jason Katz y Matthew Aldrich. Fotografía de Matt Aspbury y Danielle Feinberg. Música de Michael Giacchino. Montaje de Steve Bloom y Lee Unkrich. Reparto (doblaje al español): Luis Ángel Gómez Jaramillo, Gael García Bernal, Marco Antonio Solís, Angélica Vale, Elena Poniatowska, Angélica María, César Costa. Producida por Darla K. Anderson. Duración: 105 minutos. Pixar.


Imagenes va Disney Movies

Danos tu opinión